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El caso Zuluaga: un buen comienzo

Pablo Felipe Robledo

04 de julio de 2023 - 09:05 p. m.

Las revelaciones hechas por la revista Semana y otros medios a propósito de las pruebas aportadas ante la Fiscalía en el trámite del principio de oportunidad al que se acogió Daniel García Arizabaleta están dándonos a conocer la verdadera cara del excandidato Óscar Iván Zuluaga, quien por muy poco casi logra convertirse en presidente de los colombianos en el 2014.

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García Arizabaleta es otro bandido uribista purasangre, tristemente célebre por falsificar títulos académicos para acceder a importantes cargos durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. No obstante haber sido retirado del gobierno de antaño, siguió con las puertas abiertas en el uribismo y, de paso, cercano a muchos de los más importantes de esa casa política, a quienes las graves falsificaciones de García Arizabaleta les parecieron un juego de niños.

Esta historia está llena de reiteradas mentiras, traiciones, explicaciones y justificaciones falaces, protección y desprotección de la familia, del mal sentido de la ética, desviaciones del secreto confesional, de encochinar a otros para salvarse y, al final de cuentas, resultará contundente para pulverizar la imagen de un hombre público: Óscar Iván Zuluaga.

Él seguro será condenado penalmente y con razón. Cometió varios delitos y deberá pagar por ello, y ojalá la justicia sea aquí impecable e implacable, pero de verdad. En Colombia, más allá de si estos asuntos de la financiación irregular de las campañas políticas son pan de cada día o no y ocurren o no en todas ellas, lo cierto es que esta sociedad y las autoridades deben dejar de ser tolerantes con ello y, por ahora, el elegido para pagar los platos rotos a nombre de todas las campañas y todos los candidatos a lo largo de la historia parece ser Óscar Iván Zuluaga. Por alguien había que empezar, pero político que lo haya hecho o lo haga en el futuro debería correr la misma suerte de Zuluaga, sea o no presidente en ejercicio.

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El drama personal de Óscar Iván Zuluaga —del que solo es culpable él— es de marca mayor. Es tan grave que, al unísono, todo el uribismo, en donde este tipo de delitos son cuestiones menores, lo ataca sin tregua. Zuluaga está solo, a la deriva y sin el respaldo de nadie; ni siquiera de sus más cercanos amigos, y seguramente ni de su familia, pues nada más ni nada menos que otro que tendrá que responder es su hijo David, un niño en su momento, al que solo la estupidez de su padre lo llevó a ser el gerente de una campaña presidencial en Colombia cuando no sabía aún ni caminar. La obstinación por el poder o el amor desenfrenado de un padre que no supo medir las capacidades de su hijo en un momento determinado lo llevarán a la cárcel. David Zuluaga estaba en capacidad de gerenciar una campaña, pero de presidente de una junta de acción comunal.

En fin, todo este episodio de Óscar Iván Zuluaga dejará un precedente judicial y político relevante que ojalá sirva para que se sepa la verdad de lo ocurrido en otras campañas presidenciales; en particular, esta última de Petro, en donde lo que hasta ahora se sabe es que nada cuadra, lo que no puede quedar sepultado por el fuero presidencial. Al mismo tiempo, esto debe prender las alarmas sobre la financiación de las próximas campañas electorales de alcaldías y gobernaciones, repletas de irregularidades y aportes tan o más envenenados que los de la corrupta multinacional brasileña Odebrecht; es decir, paramilitarismo, guerrilla, chavismo, narcotráfico, por citar solo algunas fuentes irregulares de financiación.

En fin, un buen comienzo.

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