Año tras año, escuchamos la noticia (imprecisa) de que una encuesta internacional dice que los colombianos, supuestamente, somos los habitantes más felices de este mundo. Lo que, dicho tan a menudo, se ha interiorizado en la mente de todos y cada uno, hasta el punto de no aguantar en esta inusual categoría ni un subcampeonato.
Al divulgarse reiteradamente esta noticia por todos los medios –serios y otros no tan serios– así como en las redes sociales, millones de colombianos que no conocen más allá de las fronteras de su país como para tener algún grado de comprensión de la noticia, terminan por sentirse envidiados por todos y altamente complacidos y orgullosos de haber nacido en estas bendecidas tierras. Incluso, esta noticia les hace pensar que conocer otras latitudes es una soberbia necedad que solo conllevaría a la infelicidad.
Sin embargo, ninguno se pregunta cómo es eso posible. Cómo es posible que los colombianos sean las personas más felices del mundo si viven en un territorio lleno de dificultades, violencia, problemas de empleo, limitación en sus ingresos, desigualdad económica, desaliento por el acceso al deporte y falta de esparcimiento, así como gravísimos problemas de narcotráfico, guerrillas, paramilitarismo, politiquería y corrupción, por solo citar muchas de las cosas que en otros lugares del mundo tienen solucionadas hace tiempo o que incluso jamás han existido.
Digo lo anterior, porque el pasado domingo se divulgaron los resultados de la Encuesta Preelectoral RCN TV – GAD3 Colombia. Realizada en las principales ciudades del país, mostró datos altamente preocupantes y desalentadores.
Más allá de las actuales preferencias electorales en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga de cara a los comicios regionales de octubre y los porcentajes de aprobación o desaprobación de la gestión de sus actuales mandatarios locales y departamentales –temas muy importantes que dejo de lado en esta columna– la encuesta muestra una palmaria realidad: la desesperanza e insatisfacción ciudadana. Sí, la insatisfacción ciudadana de colombianos que paradójicamente son, al mismo tiempo, los más felices del mundo.
La encuesta muestra que a los colombianos nada les gusta, nada les satisface y que nada les da esperanza. Los encuestados no aprueban la gestión de sus mandatarios locales (municipales y departamentales), pues al que mejor le va tan solo llega al 42,1 % de aprobación, que es el alcalde Barranquilla, y al que peor le va es al de Cali con un 18,8 % de aprobación.
En esa misma encuesta en el consolidado promedio, más del 80 % de los encuestados consideran que la situación económica y política de Colombia es mala o regular. Y, al preguntársele por la situación general de sus municipios y departamentos, más del 80 % de los encuestados en promedio consideran que sus territorios no han mejorado en los últimos años, pues advierten que todo sigue igual o ha empeorado. Es decir, que van en reversa como el cangrejo.
Este es el contexto que rodea a estas regiones del país según la encuesta aquí analizada, que más allá de las imprecisiones, sesgos y márgenes de error que se le puedan atribuir, lo cierto es que no es nada distinto a lo que se puede advertir al conversar con la gente. El gobierno de Duque fue malo y el de Petro está resultando peor, lo que también ha contribuido a aumentar el desaliento y la desesperanza de todos.
En este escenario se desarrollarán las elecciones locales de octubre, y los candidatos ganadores serán aquellos que entiendan lo que siente la gente y logren transmitir una esperanza realista ante tan negativa actitud que, por ahora, tenemos los colombianos.
Ojalá seamos algún día, de verdad, “los más felices del mundo” o incluso, “una potencia mundial de la vida”, y que no sean falsas noticias sobre encuestas de felicidad o engañosos lemas de gobierno los que nos pretendan vender humo en contra de lo evidente.