He venido criticando el diseño constitucional del fuero en materia penal, que desde hace varias décadas ha sido un juego en el que los aforados, fundamentalmente congresistas encartados y de conocida dudosa ortografía, han pretendido evadir a la justicia en medio de vaivenes jurisprudenciales y coyunturas políticas.
Renunciar a sus curules para intentar perder el fuero que como congresistas tienen ante la Corte Suprema para la investigación y el juzgamiento de sus presuntos delitos se ha convertido en todo un espectáculo, grotesco por demás, en el que estos “padres de la patria” empiezan diciendo una cosa y terminan haciendo otra....
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