Durante el período de mandato que ha ejercido el gobierno del cambio, nos hemos acostumbrado más a los fracasos que a los verdaderos cambios.
Esto me recuerda un poco aquel mito del rey Midas, quien, producto de su ambición, consiguió que todo lo que tocara se convirtiera en oro, personaje de la mitología a quien Petro se le parece mucho en su afán por conseguir sus delirios, pero con la diferencia de que nada convierte en oro sino en fracaso, miseria, risa, desolación o una curiosa mezcla de todo lo anterior.
Uno de estos fracasos es el documentado momento en el que se encuentra la paz total, la cual constituyó una de las principales promesas de Petro durante su campaña presidencial, presuntamente en medio de las escandalosas reuniones sostenidas por los suyos en su nombre, con la criminalidad ligada al paramilitarismo, la corrupción y el narcotráfico en los pabellones carcelarios de máxima seguridad en lo que se denominó el Pacto de La Picota.
Tan es así que, el pasado 31 de diciembre, a través de un sugestivo y falaz trino, Petro afirmó que había acordado un cese bilateral con cuatro de los grupos al margen de la ley que mayor protagonismo delictivo tienen en nuestro país: el ELN, las disidencias de las FARC, las Autodefensas de la Sierra Nevada y el Clan del Golfo.
Para lograr este objetivo, Petro ordenó a la fuerza pública que cesara sus actividades y operaciones tendientes a investigar, perseguir y judicializar la conducta de peligrosos bandidos, mientras que estos, ni cortos ni perezosos, se dedicaron a fortalecerse aprovechándose del perverso anuncio presidencial, que algunos de ellos ni siquiera consintieron porque, entre otras, el tal cese bilateral no había sido pactado por todos los aludidos en el trino presidencial, lo cual fue un oso monumental, pues en realidad era otro de los inventos del primer mandatario.
La verdad es que este cese bilateral no generó verdaderos compromisos por parte de los delincuentes, y Petro se quedó viendo un chispero, al tiempo que el país sufre con las improvisaciones y mentiras presidenciales, en esta y todas las materias.
Tan grave resultó la situación, que a Petro las cosas se le salieron de las manos y, producto de su abandono institucional, se presentaron graves problemas de orden público, que, incluso, hoy no han sido superados, como fue el secuestro de policías en el Caquetá, el paro minero que puso en aprietos la seguridad y el orden público en el Bajo Cauca, los incendios de vehículos en las carreteras y los territorios hoy impenetrables.
Luego de todos estos desaciertos y en un tiempo corto como lo han sido los cuatro meses desde que Petro anunció el imaginario cese bilateral con los grupos al margen de la ley, expertos han señalado que lo que ha venido ocurriendo con la paz total es lo mismo que ocurrió en el pasado durante los procesos de paz que han fracasado en nuestra historia, debido a la falta de institucionalidad y de verdaderos compromisos de los disidentes. Todo parece recordar al Caguán.
Ahora bien, en un reciente informe de un conjunto de organizaciones que representan a las víctimas y los grupos afectados por la violencia, conformado por cerca de 700 organizaciones, se ha señalado que, en la actualidad, se han presentado más de 200 violaciones a los compromisos acordados en el supuesto cese bilateral de Petro. Esta situación se concentra, por lo menos, en 15 territorios de nuestro país, siendo Antioquia, Bolívar, el Caribe, Arauca y el Catatumbo las regiones más afectadas.
Es momento de que Petro escuche el clamor de las víctimas y, en lugar de abandonarlas, asuma sus compromisos como presidente. Haciendo promesas que no va a poder cumplir se está consolidando como el Midas, pero del fracaso.