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5 Jan 2022 - 5:00 a. m.

El peligroso 2022

Para Colombia, el 2022 será un año crucial. Difícil imaginarse un escenario más peligroso. Ese peligro podría destruir la institucionalidad, la economía de mercado, el crecimiento, la democracia y la existencia misma de esta nación.

Hay muchos candidatos a la Presidencia: buenos, regulares, malos y Petro. Sí, y Petro. Él es una categoría aparte. Entre todos los actuales aspirantes presidenciales con posibilidad de obtener un triunfo, solo hay uno que prende la totalidad de las alarmas dispuestas para advertir la proximidad del caos. Petro es un verdadero tsunami con capacidad de destruir lo que como nación hemos construido con tanto esfuerzo durante décadas.

Hemos tenido en Duque a un presidente que, según la opinión mayoritaria expresada en todo tipo de encuestas durante casi cuatro años, no ha sido bueno en ningún momento. Duque se ha equivocado mucho: ha sido retardatario, enemigo de la paz, sectario, perseguidor de sus opositores, incluso bastante infantil. Se quedó mucho tiempo siendo un simple aprendiz del ventrílocuo Uribe. También ha tenido aciertos, que se sustentan en algunas cifras macroeconómicas del año que recién terminó.

Hay que reconocer que Duque, entre todos sus defectos, no tiene el de pretender perpetuarse en el poder, lo cual garantiza la sucesión presidencial en los términos concernientes a su elección. Es decir, la democracia y el sistema de pesos y contrapesos están tan articulados que, si se cumplen los períodos presidenciales y se respeta la institucionalidad, los presidentes —incluso los malos— no son capaces de acabar con un país. La consecuencia normal que se deriva de haber tenido un mal gobernante es no haber podido poner al país a cabalgar a un ritmo ideal, pero al final de su mandato queda un país por lo menos parecido al que recibió.

Creo que si Petro es mandatario de Colombia este 2022 será el último año en el que millones de colombianos votaremos para elegir a un presidente. A mí no me asusta Petro porque sea de izquierda. A mí lo que me asusta de Petro es Petro. No me asusta su orientación política, ni su pasado, ni siquiera algunas de sus pésimas ideas. Me atemoriza él.

Es un mentiroso compulsivo, un disociador, un amante del caos, un resentido, un sofista. Es un psicópata que se cree mesías, que se proclama salvador, que se siente imprescindible, que se jura un Dios. Un político que ha creado una secta, no un partido. Tiene todas las características de un dictador de la peor calaña, si es que eso admite una clasificación.

Petro no se resistirá a sus locuras de poder: cerrar el Congreso, clausurar las cortes, desobedecer decisiones judiciales, controlar todos los poderes, llamar a la rebeldía civil, armar milicias urbanas para prevenir golpes de Estado, expropiar la propiedad privada, nacionalizar bancos, cerrar medios de comunicación opositores, perseguir a empresarios adversos al régimen, controlar precios y mercados, acabar con los ingresos del fisco, prometer lo incosteable y promulgar una nueva Constitución que lo vuelva soberano vitalicio es lo que podría formar parte de su hoja de ruta.

Entramos en un año decisivo. No podemos cometer el error de elegir en la primera vuelta a alguien que no sea capaz de ganarle a Petro en la segunda. Este es el punto. Hay que votar en la primera vuelta por quien tenga capacidad para derrotarlo en la segunda. Por lógica política y simple matemática electoral, ese candidato solo es viable si sale del centro. No creo que, hoy en día, con el deterioro de la imagen de Uribe y la aterradora impopularidad de Duque, la derecha sea capaz de derrotar a Petro otra vez en una segunda vuelta. Esta vez, la derecha debe tener en cuenta que su mejor candidato está en el centro y debería apostarle a ese. Si la derecha le apuesta a la derecha en la primera vuelta, pierde en la segunda con Petro. Así de sencillo.

En conclusión, si no queremos perder este país y queremos que el próximo presidente, bueno o malo, lo sea por cuatro años, no podemos permitir que Petro gane las elecciones. Este debe ser un propósito de todos. Si Petro gana, ténganlo por seguro que iniciará una dictadura perpetua y, con ella, la aniquilación de todo aquello que hemos construido.

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