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Fuera Petro, fuera Petro

Pablo Felipe Robledo

05 de diciembre de 2023 - 09:05 p. m.

El presidente Gustavo Petro tomó posesión de su cargo el 7 de agosto de 2022, lo que significa que lleva en el poder menos de un año y medio, concretamente 16 meses, los cuales para cualquier presidente -bueno, malo o regular- significan los meses de la luna de miel en el poder.

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Sin embargo, con Petro ciertamente todo es diferente y lo es, no para bien, como todos los colombianos esperaríamos, sino para mal. Este Gobierno es una agonía, es una constante tortura para los ciudadanos. A la inexperiencia del equipo de gobierno se suman su falta de liderazgo, su falta de preparación, su ineptitud y su ausencia total de cohesión en la formulación correcta de políticas públicas que permitan avanzar en la construcción de un mejor país para todos, incluso para aquel sector que aún, inexplicablemente, lo sigue respaldando.

No hay noticia en la historia reciente de un presidente más desenfocado, más ausente, más incumplido, no solo en su agenda, sino en sus promesas. Petro ni siquiera ha logrado avanzar en sus metas más inmediatas e importantes, porque se ha dedicado, como ningún otro, a gobernar con el retrovisor en la mano, todo el tiempo y para todos los asuntos de Estado, que es la prueba reina de la incapacidad, hasta el nefasto punto de haber superado, en eso que es negativo, al propio expresidente Duque, en algo que creíamos muchos era insuperable.

Este sentimiento que aquí expreso es el de millones de colombianos y crece permanentemente. Por eso, aunque no deseable, es imparable el hecho de que los inconformes, que somos ya más del 70 % de los colombianos, no desaprovechamos oportunidad para manifestarlo. Las redes sociales, las columnas de opinión, las tertulias caseras y la propia institucionalidad ya están saturadas con la forma de gobernar de Petro, y lo expresan de distinta manera.

El pueblo ante el desespero ya cogió a Petro de recocha, pero recocha seria. Se expresa en los partidos de fútbol, en los conciertos, en los eventos sociales y en todo evento público en donde el himno “Fuera Petro, fuera Petro” a todo pulmón se ha convertido en un acto simbólico, pero muy fuerte, de oposición, que ya es parte de todo acto protocolario a lo largo y ancho del territorio nacional.

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Por su parte, el presidente y los miembros de su gobierno no se dan ni por enterados y creen -como es y ha sido su costumbre- que se trata de actos conspirativos e irrespetuosos en contra del presidente, algún miembro de su familia o de su gabinete, en vez de entender que esas manifestaciones -espontáneas o provocadas- son muestra de algo evidente que no es nada distinto al descontento social, a la pérdida de legitimidad del Gobierno y a una forma caótica de gobernar sin dar ningún resultado, que solo conlleva a más incredulidad y desconfianza, en este caso de quienes nunca habían gobernado y que han defraudado la confianza que muchos depositaron en el alocado discurso de un cambio sin sustento, sin sustancia.

No es posible que Petro termine bien. Su demostrada incapacidad para gobernar, su discurso trasnochado, su radicalismo y su terquedad no le permitirán un cambio en la percepción popular. Todo, en buena medida, porque una vez un dirigente coge fama de inepto, nada ni nadie es capaz de hacer cambiar ese sentimiento popular.

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Los escándalos del Gobierno, los discursos salidos de tono, la charlatanería, quedarse en el problema, siempre mostrar el vaso medio vacío y matar la esperanza no son el camino para voltear la mala imagen. Si a Petro, a tan solo 16 meses de gobernar, ya todo el mundo en distintos escenarios le grita “Fuera Petro, fuera Petro”, solo habrá de esperarse que la situación empeore y que los próximos 32 meses sean los más caóticos, pues cada día que pasa es uno menos no solo para alejarse del poder, sino para perder el timón para manejar los asuntos de Estado cuando tenga el sol a las espaldas.

Petro terminará su gobierno, pero contará los días que faltan para él mismo desearse un “Fuera Petro, fuera Petro”, cuando entre en la recta final de su luna de “hiel” en el poder.

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