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Estando ya a casi diez días de las consultas populares del 8 de marzo, concurrentes con las elecciones de Congreso, los colombianos tienen la posibilidad real de cambiar el difícil rumbo político por un escenario mucho más tranquilizador.
Hasta ahora, las encuestas y pronósticos electorales tienen preocupados, y de qué manera, a la gran mayoría de los colombianos. En otras palabras, hay más preocupados que satisfechos. Hasta ahora, muchos electores dan por sentado que ocurrirá lo que muestran las encuestas: solo dos candidatos con opciones reales de ganar las elecciones presidenciales.
Me refiero a Iván Cepeda, un candidato que solo despierta pasión en la extrema izquierda y los movimientos al margen de ley o en el límite de ella, y a Abelardo de la Espriella, quien solo despierta pasión en la extrema derecha, y algo de aceptación en un espectro más amplio fruto de la desesperación, la resignación y la falta de opciones reales del electorado.
Ese panorama desolador y altamente preocupante nos hace recordar lo vivido hace cuatro años, cuando nos tocó elegir entre Gustavo Petro y Rodolfo Hernández, dos pésimos candidatos, cuya única virtud real era ser menos malo que su rival, dependiendo del ojo con que los miráramos. Yo miré con el ojo de la centro derecha, por fortuna, pues no me hubiese jamás perdonado mirar con el ojo de quienes votaron por Petro. Sin embargo, lo de ahora es mucho más grave: Cepeda es peor que Petro y Abelardo es peor que Rodolfo.
Esa ecuación es la misma que le abre grandes posibilidades a que el 8 de marzo, las votaciones de las consultas puedan cambiar el panorama de cara a las presidenciales, y ello, sin duda, dependerá de qué tan masivas resulten las votaciones en la centro izquierda y en la centro derecha.
Es bastante factible que Roy Barreras, al ganar la consulta de centro izquierda, alcance una votación significativa que inicialmente ponga a tambalear la candidatura de Cepeda y, posteriormente, la derrote en primera vuelta, por inspirar mucho menos peligro para la institucionalidad. También es bastante factible que quien gane la denominada Gran Consulta de centro derecha entre Valencia, Dávila, Pinzón, Luna, Peñalosa, Galán, Anibal, Cárdenas y Oviedo, ponga a tambalear la candidatura de Abelardo y, posteriormente, la derrote en primera vuelta, exactamente por lo mismo: resultar más confiable.
Para que ello ocurra solo se necesita que los colombianos así lo entiendan y así lo quieran. Es necesario salir masivamente a las calles ese día a votar por el Congreso (ojalá por quienes mostraron no vendérsele a Petro) y pedir la papeleta de la consulta de su preferencia –yo pediré la de la Gran Consulta–, y con ello mandar un mensaje claro a toda la sociedad colombiana: que quienes salgan electos en las mencionadas consultas tienen vocación de derrotar, en primera vuelta, a quienes hoy se advierten como inderrotables.
Es muy posible que el 8 de marzo se esté forjando una nueva historia para las elecciones presidenciales, y que ese día inicie el fin de las candidaturas de Cepeda y Abelardo y nazcan con fuerza las candidaturas de Roy (que parece ganará su consulta) y de quien gane en la Gran Consulta.
El 8 de marzo es un día clave para la democracia, un día para darse la oportunidad, incluso, para quienes hoy hacen parte de los extremos (mañana pueden cambiar de opinión ante otros panoramas), pues estos tienen la posibilidad para darle aliento a candidaturas de mayor consenso que, en el futuro, restablezcan la gobernabilidad y el rumbo, en vez de alimentar con su abstención el radicalismo que inspiran y profesan Cepeda y Abelardo.
En las elecciones, como en el fútbol, es irrenunciable jugar a tope hasta el último minuto. Nadie gana en la víspera. Mientras haya oportunidad, hay que luchar por lo que resulte más sensato. Por eso los invito a participar en las consultas. Ojalá lo hagan en la Gran Consulta, yo lo haré con felicidad y convicción.
