Cada día me convenzo más de que el discurso de Petro durante toda su vida política —lo que incluye sus campañas presidenciales— es una gran mentira. Prometió el cambio para acabar con la mermelada, la tajada, el “cómo voy yo” (CVY), las coimas, el tráfico de influencias, la manzanilla, los auxilios y los negociados, pero absolutamente todas sus palabras se las ha llevado el viento.
Nunca le he creído a Petro, pues cogerlo diciendo una verdad siempre ha sido un imposible. Pero, claro, ese no es el problema. El asunto aquí es que mucha gente sí le creyó. Ilusos, tontos, torpes, confiados, soñadores o todas las anteriores; no lo sé....
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