Cada día me convenzo más de que el discurso de Petro durante toda su vida política —lo que incluye sus campañas presidenciales— es una gran mentira. Prometió el cambio para acabar con la mermelada, la tajada, el “cómo voy yo” (CVY), las coimas, el tráfico de influencias, la manzanilla, los auxilios y los negociados, pero absolutamente todas sus palabras se las ha llevado el viento.
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Nunca le he creído a Petro, pues cogerlo diciendo una verdad siempre ha sido un imposible. Pero, claro, ese no es el problema. El asunto aquí es que mucha gente sí le creyó. Ilusos, tontos, torpes, confiados, soñadores o todas las anteriores; no lo sé. Lo que sí sé es que los engañó descaradamente.
Para nadie es un secreto que en el Gobierno la designación de algunos de sus altos funcionarios, más que atender a la visión meritocrática que tanto pregonó Petro a lo largo de su vida, es una mentira, otra de tantas. Por el contrario, durante el período que lleva mal administrando los destinos de Colombia, hemos visto que las cualidades de los funcionarios no son tan importantes y que lo que prima en no pocas ocasiones es la cercanía con el presidente, su esposa, sus hijos o su hermano, o con el delito, según el caso.
Uno de los casos que más han dado de qué hablar sobre la rosca que ha construido Petro en el Gobierno es el de Eva Ferrer, cuyo único mérito real es ser amiga de Verónica Alcocer. Igual ocurrió con la vecina de Verónica, la nefasta Concepción Baracaldo, a quien le quedó grande el ICBF, dondeno pudo ni con el “Himno de la alegría”.
Recordemos que la española Ferrer recibió el beneficio de obtener la ciudadanía colombiana de manera exprés, antes que personas que por años han tratado de cumplir con los requisitos para obtenerla. Pero esto no fue más que una estrategia para que Ferrer asumiera un alto cargo en el Gobierno, consejera presidencial para la Niñez y la Adolescencia, que al ser suprimido llevó a Petro a nombrarla consejera para la Reconciliación Nacional.
Otro de los casos de la rosca que Petro ha construido en el Gobierno es el de Álvaro Moisés Ninco Daza, actual embajador de Colombia en México, quien fue nombrado sin tener un título universitario ni experiencia relevante para las actividades propias de la función diplomática. Situación que, en todo caso, llevó a que el sindicato gremial de la Cancillería demandara el nombramiento de Ninco Daza y de otros 22 funcionarios que llegaron para afianzar la rosca Petro.
Sin embargo, eso no termina ahí. La rosca, en su versión Alcocer, expande sus tentáculos a los negocios, conociéndose lo relacionado con los beneficios y las situaciones de privilegio que ostentan los ciudadanos españoles Xavier Vendrell (exterrorista) y Manuel Grau Pujadas, uña y mugre de Verónica, quienes junto a Eva se encuentran unidos por la suerte de hacerse colombianos en un proceso de nacionalidad exprés.
Los medios que han adelantado algunas investigaciones periodísticas, como La Silla Vacía y Noticias Caracol, dejan en el ambiente la idea de que nada bueno se estaría fraguando entre Xavier Vendrell, Manuel Grau Pujadas y la primera dama, lo cual es sumamente grave. Si Petro está herido de muerte por cuenta del escándalo de su hijo Nicolás, cualquier metida de pata de Verónica en esta materia sería una estocada fulminante.
Claro está, ya sabríamos la respuesta de Petro: “Yo no crie a Verónica, yo no la eduqué”. Ella es solo la comandante en jefe de la rosca Petro.