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Titulo esta columna como “La Semana de Pascua de Petro” no para equiparar a Petro con una Divinidad, pues obviamente ello es contraevidente, sino porque en esta semana de pascua los congresistas y todos los grupos de interés y de presión se juegan la posibilidad de celebrar la muerte del poder político de Petro o su resurrección en medio de lo poco que aún queda del mandatario, cada vez más acorralado por cuenta de su incapacidad de acertar en el arte de gobernar.
Después de las vacaciones de los congresistas por cuenta de la Semana Santa, a partir de este Lunes de Pascua, entrarán a la semana más convulsionada de los últimos años, por cuanto es inédito que un presidente, desprestigiado hasta las entrañas a tan solo 20 meses de haber iniciado mandato, haya puesto toda la brasa y la carne en el asador, para jugársela para sacar adelante un proyecto que todos sabemos es altamente inconveniente y perjudicial para el sistema y la salud de los colombianos, sobre todo de aquel grueso de la población de escasos o mínimos recursos, quienes quedarían sometidos únicamente a la ineficiencia del sistema que Petro propone para los colombianos que solo cabe en su cabeza y en la de quienes como psiquiatras interactúan aún con él.
Nadie serio, pero nadie es nadie, se ha declarado amigo del proyecto de reforma a la salud, incluso algunos que ya estuvieron en el gobierno de Petro se han opuesto visceralmente y su discusión se ha convertido en una batalla campal en medio de la incertidumbre. Los gremios, los empresarios más importantes y reputados del sistema, columnistas, asociaciones médicas, exministros, exsuperintendentes, excandidatos presidenciales, expertos internacionales y parlamentarios se han atravesado para evitar que el proyecto avance, pues si en algo hay consenso, es que los colombianos tienen aprecio y respeto hacia el sistema de salud.
De votarse en la comisión favorablemente, la proposición de archivo con la que termina el informe de ponencia radicada por la mayoría de los ponentes no solo se hundiría un alocado proyecto de reforma a la salud, sino también al altanerito ministro de Salud y varios de sus colegas, a quienes Petro, sin ni siquiera mirarlos a los ojos u oírles su voz, los despedirá por la puerta de atrás. Pero allí tampoco radica la trascendencia del tema, pues de su aprobación, los congresistas estarían colaborando en la celebración de la resurrección de Petro, pero de hundirlo, estarían festejando la muerte del poder político de Petro. Esta es la oportunidad del Congreso de parar al presidente, sin importar que corcovee como caballo mal arrendado.
Ojalá el Congreso entienda la magnitud de la responsabilidad que tiene en esta semana de pascua y contribuya a celebrar la muerte del poder político de Petro y no la resurrección, pues ello es solo para el hijo Dios y no para el diablo que disfrazado de Petro hace presencia en la tierra tratando de destruir lo construido.
Votada favorablemente la proposición de archivo con la que termina el proyecto, Petro habrá perdido el pulso político y dejará en evidencia lo equivocado que ha sido ese estilo de gobierno basado en insultar a todo el mundo, decir y hacer locuras, hablar carreta en vez de sentarse a trabajar y creer que por ser presidente todo el mundo lo debe apoyar en lo que pida, olvidándose que a él lo eligió solo la mitad de votos y que a todo poder mal ejercido, más temprano que tarde, la gente pasa la factura.
