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Los “emprendedores” de Benedetti

Pablo Felipe Robledo

13 de junio de 2023 - 09:00 p. m.
"Benedetti tenía la aspiración de seguir siendo el hombre fuerte de Petro en el gobierno. Pero a Petro no le pareció buena idea".
Foto: Instagram Armando Benedetti
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El escándalo que se ha venido fraguando por cuenta de lo que inicialmente fue el robo de un dinero -que no se sabe cuánto era- en una maleta en el apartamento de exjefe de Gabinete de Petro, no parece tener un final sino nuevos capítulos repletos de ramificaciones que se pasean por todo el Código Penal y que muestran la podredumbre no solo de la campaña electoral del hoy presidente sino de su maltrecho gobierno.

La inicial protagonista Laura Sarabia, quien con lujo de arbitrariedades había ordenado someter a una niñera a todo tipo de abusos de poder al pretender esclarecer un robo en su apartamento a través de una investigación de seguridad nacional que llevó a su retención, al polígrafo, a amenazas, al despojo de su celular y a la obtención de una copia espejo en unas instalaciones adscritas al palacio presidencial, pasó a un segundo plano por cuenta de que a las pocas horas de empezar la novela apareció el verdadero villano a reclamar su protagonismo. ¡Y de qué manera!

Por cosas de esta política criolla de tan bajo nivel y de tan insuperables defectos y cercanías con el crimen de todo tipo, surgió Benedetti, un político barranquillero sin ningún mérito distinto al de acercarse y militar con éxito en todos los partidos y gobiernos a lo largo de las últimas décadas, dándose a conocer por su manzanillismo sin igual, pero sobre todo, por sus excentricidades y folclorismos acompañados siempre de su insuperable bajo nivel intelectual y su entredicha honestidad.

Ese era Benedetti antes de juntarse con Petro, y este lo sabía. La noticia de que Benedetti se sumaba al Pacto Histórico generó sorpresa en el escenario político, pues no se entendía cómo Petro lo recibía con los brazos abiertos y en un sitial privilegiado de la campaña, no por su pasado oscuro -pues esas cosas nunca le han preocupado a Petro- sino por acoger a alguien así, pero proveniente de la política tradicional de la que tanto renegaba.

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Se abrazaron, se besaron, se recorrieron a Colombia en un avión privado al servicio de la campaña, se tomaron fotos durmiendo juntos, se dijeron hermanos, se piropearon y se ensalzaron en una cofradía de mutuos elogios en el que políticos que antes se detestaban terminaron unidos en una campaña y en un gobierno hasta la fatalidad que hoy viven por cuenta de sus andanzas en esa alianza perversa.

Benedetti tenía la aspiración de seguir siendo el hombre fuerte de Petro en el gobierno. Pero a Petro no le pareció buena idea. Seguramente, al haber logrado conocer tan bien a Benedetti, lo sensato era mandarlo lejos y le encontró un lugar como embajador en un país en el que debía entablar relaciones con un gobierno con personas harto similares a Benedetti, llenas de ignorancia, excentricidad y folclorismo.

De todo, lo más grave es lo que Benedetti ha dicho en audios y redes sociales. Aburrido de su rol como embajador, procuró tener lo que él creía merecer en el sanedrín presidencial. Ministro del Interior, canciller, superministro o algo parecido, era lo que Benedetti reclamaba.

Se lo hizo saber al presidente y a Laura Sarabia, la mujer fuerte de Palacio, otrora subordinada del senador Benedetti. Y lo hizo saber, pero a lo bandido; a lo mafioso. Amenazó al presidente y a su gobierno con contar lo incontable y dejó entrever que tiene las pruebas de lo que podría ser un escándalo mayúsculo para Petro, que se sintoniza con lo ya contado por la esposa de su hijo Nicolás, y es la entrada por la puerta de atrás de miles de millones de pesos a la campaña provenientes ya no solo de El Hombre Marlboro, sino de otra gente del bandidaje respecto de la que Benedetti aún no ha dicho quiénes son, pero sí quiénes no son, cuando dijo que, propiamente, no eran unos “emprendedores”.

Muchas investigaciones deben hacerse y ojalá el país logre saber la verdad sobre quiénes son los “emprendedores” de Benedetti, lo que muy posiblemente termine en el escándalo más aberrante de financiación ilegal de campañas políticas presidenciales, aunque no el único; también hay que decirlo.

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