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Los paraísos inventados por Petro

Pablo Felipe Robledo

21 de marzo de 2023 - 09:00 p. m.

El filósofo Estanislao Zuleta ya había advertido sobre el delirio que ocasiona la impotencia de la imaginación a la hora de recrear la felicidad, y que solo como consecuencia de nuestros pensamientos delirantes “comenzamos a inventar paraísos”. Durante toda su vida, al desequilibrado Petro esto lo ha afectado -lo cual ha sido su problema- y al hoy presidente Petro también -lo cual es nuestro problema-.

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Revisando el discurso de Petro al presentar el proyecto de reforma laboral, podemos vislumbrar los delirios por los que él transita. Falacias, embustes e inventos, sumados a la incoherencia, son lo que allí “brilla”.

La primera contradicción que tiene el discurso de Petro se encuentra en el supuesto diálogo en el que estuvo envuelto la elaboración del proyecto de reforma laboral, situación frente a la cual se pronunciaron los propios gremios para señalar que el articulado del proyecto -como todo lo que ha presentado el gobierno- fue impuesto y que las sugerencias del empresariado no fueron atendidas.

Otro de los errores del discurso de Petro tiene que ver con la mentira sobre la cual cimienta él la época de oro del capitalismo. Según Petro, la fuerza de trabajo fue el único factor determinante para lograr que durante esta época crecieran los índices de desarrollo económico y humano de los países desarrollados. Mentira. Lo que Petro no mencionó es que este proceso solo se pudo lograr gracias a los avances tecnológicos que aumentaron la productividad, a la articulación que existió entre los empresarios y los gobiernos -lo cual Petro desprecia- y al auge de la economía de mercado -que también Petro desprecia- que redujo al mínimo la fatal intervención del Estado en los negocios y la economía.

Pero como Petro habla de todo, volvió a insistir en su delirante tesis sobre el origen del COVID 19. Y aquí, nadie se había atrevido a tanto. Señala con delirio que, este virus, se había originado gracias al capitalismo, a la crisis climática y a la ganadería china, lo que ya había dicho en una entrevista que dio en BluRadio al inicio del COVID 19, cuando Petro ya sabía lo que el mundo científico ignoraba. Delirios de un delirante.

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Otra situación que demuestra la falta de consenso entre empresarios y gobierno es el caso de las personas vinculadas a las plataformas digitales que unen la oferta y la demanda de bienes y servicios. Precisamente, la reforma pretende imponer la obligación de que los colaboradores de estas plataformas sean forzosamente vinculados mediante contratos de trabajo cuando la realidad económica y el especial modelo de negocios los hacen incompatibles. Es pretender legislar escapando de las realidades para perpetuar un discurso sin importar la pérdida de valor económico y social. Delirios obtusos.

Pero si lo anterior fuese poco, ahora resulta que Petro ya tiene delirios para alterar la historia, sus datos y fechas. Según Petro, la para él triste caída del muro de Berlín se dio en 1993, lo cual, salvo él, todos sabemos ocurrió en 1989.

La última perla de Petro tiene que ver con la pretensión que tiene este personaje de unificar, a las malas, a las agremiaciones sindicales. Petro demuestra una vez más su afán de imponer su voluntad a corporaciones donde debe primar la libertad de elección de sus miembros, e inmiscuirse en asuntos que no le incumben como presidente.

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Lo cierto es que no logra uno entender cuál es el afán de Petro de imponer las cosas a las patadas en una sociedad democrática en la que el diálogo es necesario para evitar la fragmentación, lo cual hoy en día es más riesgos gracias a un gobierno de locos liderado por un inventor de paraísos que solo existen en sus delirios.

Es hora de que Petro escuche y permita que el diálogo, cosa a la cual no es muy abierto, esté presente en las reformas que pretenda realizar.

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Petro baja como “marrano en tobogán” en su popularidad y con ello, cada día pierde margen de maniobra. Dilapida sus “mejores” días ante sus irremediables cuentos y delirios.

Ah, y Colombia va mal.

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