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Pablo Felipe Robledo
21 de agosto de 2024 - 05:00 a. m.
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Para escribir esta columna me tocó torturarme. Decidí oír, de principio a fin, y por espacio de una hora, nueve minutos y tres segundos -que terminaron siendo como cinco minutos, pero debajo del agua-, el discurso de Petro en la asamblea de Colombia Humana.

Realmente, me reí mucho al oír tantas locuras de un jefe de Estado -casi que como con Maduro-, pero por una obvia razón me preocupé muchísimo: ese jefe de Estado es el nuestro.

Petro empezó diciendo que corría peligro al pronunciar ese discurso porque los abogados de la derecha lo demandarían por participación en política. Dijo eso para empezar el discurso desde la condición de víctima y perseguido político que tanto le gusta y para reclamar que las reglas son distintas que para él. Sin embargo, olvidó decir que las reglas sí han sido distintas para él, pero a su favor. Petro tiene algo que siempre lo salva, alguien que le da una mano.

Además de la amnistía, Petro logró salvarse de la impecable sanción de inhabilidad de la Procuraduría, de la investigación por las bolsas repletas de dinero en efectivo, de la sanción económica impuesta por la SIC que aún no paga, de la compra de inservibles camiones de basura, de decenas de ilegales nombramientos, de escándalos en la Unidad de Gestión del Riesgo, de la indebida financiación de su campaña, de la entrega de dineros ilícitos a su hijo y otros familiares, en fin, de todo tipo de ilegalidades frente a las que posee el efecto teflón.

Petro volvió hacerle apología al M-19 a quien le atribuye la vocación de cambiar el país, y a cuyos integrantes los hace mutar de guerrilleros, terroristas, asesinos y secuestradores a indefensos jóvenes intelectuales de inteligencia superior combatidos injustamente por el Estado y la sociedad. Con ello, Petro reivindica lo que piensa de las FARC, el ELN y de los demás bandidos claves en su malhadado proyecto de la paz total.

Les atribuyó a los ricos de este país el grito “fuera Petro” -graduando de ricos a millones de colombianos-, luego los llamó asesinos, después los tildó de racistas porque esos que gritan “fuera Petro” no se pueden aguantar que alguien con la piel “café con leche” -como él dice que la tiene- sea quien los gobierne y, finalmente, tachó a esos ricos de clasistas atribuyéndoles que odian a Petro por no querer Petro casarse con sus hijas, ser parte de sus familias o hacerse socio de sus clubes. Es decir, Petro cree que los ricos lo odian por no meterse con ellos y por no querer esparcir su “virus de la vida” en los hogares de los ricos. ¡Qué vanidad!

Le atribuyó al neoliberalismo la destrucción de la economía, el esclavismo, la decadencia de la democracia, la desigualdad, la insolidaridad, la pandemia, la guerra, el hambre, la crisis climática, las bombas sobre Palestina, la drogadicción con fentanilo, ello es, todos los males. Sin embargo, se le olvidó decir en qué parte del mundo en donde no hay economía liberal estos males brillan por su ausencia.

Les atribuyó a las demás autoridades (congresistas, jueces, Procuraduría, etc.) la hecatombe del gobierno Petro, y los acusó de bloquear la agenda legislativa y de tumbar todo aquello que el gobierno se propone implementar, e insistió en su necedad de cambiar el escudo nacional para que sea “libertad y orden justo”.

Y bueno, después de no haber dicho nada el presidente Petro durante más de una hora, o al menos nada nuevo, terminó con su refrito de creerse imprescindible, de dejar en el ambiente la necesidad de avanzar en su proyecto político (seguro para reelegirse, aunque lo negó) y de atribuirse en las encuestas una popularidad del 51 % -que nadie conoce-, así como para dejar sentado que se hace vital ganar en 2026.

Está claro que la oposición debe moverse sin errores, pues cuando Petro dice que no es que sí, o sea, ojo con la reelección de Petro, o lo que es igual o peor, con la posibilidad de que ese grupo de fanáticos, corruptos e impreparados puedan perpetuarse en el poder, pues sería más de lo mismo.

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Francisco(78033)11 de noviembre de 2024 - 03:15 p. m.
La fácil, hoy por hoy, es hablar mal del orate de Petro; la dura, claro está, es proponer cómo sale Colombia de este berenjenal.
gloria(68162)23 de octubre de 2024 - 01:37 a. m.
Señor Pablo Felipe, se ha planteado lo patético que es ud en la columna de los miercoles, si Petro delira, ud delira con él, es una obsesión que deberia preocuparle.
Jorge(48756)22 de agosto de 2024 - 12:10 a. m.
La columna semanal de odio a Petro. Nada nuevo. Un columnista monotemático y obsesionado con el presidente, una falta de respeto con los lectores que en un espacio de opinión no se ocupe de otros temas.
Alberto(3788)21 de agosto de 2024 - 11:55 p. m.
¿Impecable la decisión de la nefasta procuraduría del ultra fanático religioso, sectario, extremista de derecha, Ordóñez? Por favor, no delire usted también... Como en el caso de Cabello, TODAS sus decisiones dependían de afinidad, amistad o rechazo político. Esta última no ha tocado a Benedetti.
Axel(95385)21 de agosto de 2024 - 09:35 p. m.
Cuánto daría este pseudoperidista por contar con su "semana" que le permitiera impulsar su fantasiosa campaña.
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