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Mentir, mentir y mentir

Pablo Felipe Robledo

30 de marzo de 2021 - 10:00 p. m.

La reforma tributaria anunciada por el gobierno de Uribe, a través del subpresidente Duque, se une a la larga lista de mentiras de este gobierno embustero, también populista, que prometió no subir los impuestos, pero ahora castiga a la clase media, al consumidor y al empresariado, tan golpeados por la pandemia.

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Uribe y Duque son buenos para mentir, generar odio e indignación, pero muy malos para cumplir las promesas de campaña. En efecto, cuando Duque era senador —cuyo mérito hasta ese momento fue haber sido asistente de Uribe y funcionario de quinto nivel en el BID, además de saber cuántos pares de crocs tenía el presidente eterno en su armario— anunciaba a grito herido todos los males de una reforma tributaria presentada en ese momento por el gobierno Santos, al cual le hizo feroz y obstinada oposición.

Duque explicaba, hasta con videos animados, todos los males del aumento del IVA en los productos de la canasta familiar, electrodomésticos, aseo personal y hogar. Se oponía férreamente, olvidando que su patrón lo había aumentado durante su gobierno. En ese entonces repetía, como loro mojado, que el ciudadano de a pie no podía sufragar la mala gestión económica de un gobierno. Hoy, de forma descarada y sin sonrojarse, anuncia el aumento de impuestos y pide que todos los colombianos nos metamos la mano al bolsillo, precisamente para sufragar el estrago económico producto de su mala gestión, que incluyó grandes gabelas y beneficios a los más poderosos en la primera reforma tributaria —que también juró no haría—. Por la boca muere el pez.

Como candidato presidencial anunciaba con bombos y platillos que no aumentaría los impuestos para asegurar el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas, que incrementaría el salario mínimo para apoyar la formalización, que reduciría el aparato burocrático y los gastos innecesarios para generar ahorro. Sin embargo, como ya todos sabemos, esas promesas de campaña son nada más que mentiras propias de un embaucador populista, que dice cualquier cosa para ganarse el voto de los ciudadanos, pero una vez se encuentra en el gobierno defrauda la confianza de quienes lo eligieron y hace totalmente lo opuesto a lo que prometió.

La reforma tributaria de Duque, llamada ley de financiamiento, ley de sostenibilidad fiscal, ley de solidaridad sostenible o cualquier otro eufemismo para no llamar las cosas por su nombre —en lo que sí es bueno este gobierno—, propone ampliar el IVA a bienes exentos que son de primera necesidad, aumentar la tarifa del impuesto a los dividendos y, claro, revivir el expropiador impuesto al patrimonio. La película de Venezuela, con la que Uribe y sus áulicos tanto odio e indignación generaron, la están replicando al pie de la letra.

Este gobierno, que les pide a los colombianos meterse la mano al bolsillo con total desprecio y en plena crisis económica por la pandemia, cuando la gente está intentando salir a flote, anuncia la estúpida e inoportuna renovación de la flota de aviones de combate por US$4.500 millones ($16 billones). Este gobierno no ayuda a la clase media quebrada por la pandemia porque prefiere continuar con el desmesurado gasto militar. Desastrosa y horrorosa la lógica del subpresidente Duque.

En vez de aumentar los impuestos a los colombianos y malgastar el dinero en comprar aviones de guerra, Duque debería fortalecer la lucha contra la corrupción, que sin duda alguna es la mejor reforma tributaria.

Lamentablemente, eso no va a suceder, porque este gobierno, tan populista como uribista, actúa con total desprecio por el ciudadano. Ya sabemos a qué atenernos cuando Uribe o el títere de turno estén al frente de la Presidencia, lo cual ojalá nunca vuelva a ocurrir, porque de marionetas estamos ya mamados.

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