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El fin de semana fue escandaloso para la familia presidencial, el gobierno de Petro, la política del Pacto Histórico y el petrismo.
Se hace necesario decir que nadie debería alegrarse porque el hijo de otro sea detenido, y su detención no debe ser una buena noticia ni para los más encendidos contradictores, mucho menos, cuando los delitos que se le imputan son de talla mayor: enriquecimiento ilícito y lavado de activos.
Ahora bien, el caso de Nicolás Petro es ciertamente escandaloso, pues ocurre, además, por cuenta de su relación con dos famosos bandidos con nexos con el paramilitarismo y el narcotráfico; ello es, los tristemente célebres Santander López Sierra (alias el Hombre Marlboro) y Alfonso Hilsaca Eljude (alias el Turco Hilsaca).
La historia de Nicolás, hijo preferido en términos políticos del presidente Gustavo Petro —así su padre sostenga que no fue él quien lo crió— no es la historia de un hijo travieso que se mete en problemas o en negocios difíciles de explicar. Es la historia de un joven político, hecho tal con la ayuda y a la sombra de su padre, que hace de todo en la política sin importar si es lícito o ilícito, y que como muchos otros terminan por creerse omnímodos, omnipotentes e intocables, lo que los conduce, por cuenta de su debilidad de principios o la ausencia de ellos, a corromperse, tener vínculos con bandas criminales, narcotraficantes, guerrilleros, paramilitares o cualquier otro tipo de personas de “dudosa ortografía”.
El caso de Nicolás es un caso más, aunque muy importante, de narco y parapolítica. Así de sencillo. Nicolás ha sido definido y visto de tiempo atrás como un delfín que no solo ha jugado a la política sino que la ha ejercido, siempre, bajo el respaldo de su padre o siguiendo su mandato y, en ese rol, no en el de hijo del presidente sino en el de político, se ha expuesto al jugar con el crimen como lo han hecho centenares de ellos. Que Gustavo Petro sea su padre y que este sea el presidente, obviamente, no atenúa el caso, sino que lo agrava.
Gustavo Petro, ante las manantiales evidencias, ha tratado de alejarse de su hijo y de sus problemas, diciendo hace unos meses, cuando este escándalo apenas empezaba, que él no lo había criado, buscando exculparse y echarle el agua sucia a la mamá del ahora delfín. Más allá de si lo crió o no, lo cierto es que Nicolás está enredado por delitos en el ejercicio político, y ahí sí ejerció como el hijo criado y consentido de su padre Gustavo, pues no hay que olvidar que Nicolás fue, de un día para otro, de la noche a la mañana, candidato a la Gobernación del Atlántico con el apoyo, el nombre, los votos y el partido de su padre. Obtuvo el delfín más de 140.000 votos, lo que lo llevó al segundo puesto y a asegurar una curul de consolación como diputado del Atlántico.
Igualmente, Nicolás fue utilizado para conseguir recursos en su campaña presidencial de 2022, por mandato directo de su padre y en su nombre. En esa campaña de 2022 es famoso el “petrovideo” en el que el candidato Petro, en plena reunión de campaña con Benedetti, Roy Barreras y Verónica Alcocer, ordenó que su hijo Nicolás se encargara de gestionar recursos ante Cristian Daes —otro “caballero de industria” de la costa Caribe— para lo cual Petro dijo: “Me parece que mi hijo [Nicolás] debería hablar directamente con él [Daes]… porque estamos es perdiendo recursos”, refiriéndose a la posibilidad de que Daes dejara de aportarle a la campaña.
Ojalá Nicolás Petro colabore con la justicia y cuente todo lo que sabe sobre la mala financiación de la campaña presidencial, sobre todo en varios departamentos de la costa, pues por esa vía se podría dilucidar mucho de lo que en su momento gritó su buen amigo Benedetti, quien con seguridad debe estar muy preocupado, no por la captura del delfín, sino por lo que este pueda decirle a la justicia, más aún cuando empiece a sentirse solo y abandonado por su padre, ya no solo en su crianza sino en lo político.
