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No esperamos más, pero tampoco menos

Pablo Felipe Robledo

08 de septiembre de 2021 - 12:00 a. m.

La desfavorabilidad del presidente Duque está por las nubes (77%). Algunos dirán que eso no es nuevo, y es cierto. Sin embargo, lo de ahora es, simplemente, dramático, pues, aunque Duque no se supera a sí mismo, sí continua superando la desfavorabilidad hasta de Andrés Pastrana. De no creer. Correlativamente, la encuesta de Datexco nos muestra que tan solo uno de cada cinco colombianos tiene una imagen favorable de la gestión del presidente Duque (19%), lo explica por qué es prácticamente imposible, a estas alturas, encontrar en la calle a alguien que hable bien del presidente.

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De otra parte, el país no solo sigue sin avanzar en la lucha contra la corrupción, sino que está retrocediendo. Mientras algunos se rasgan las vestiduras y se indignan cada vez que algún ranking nos muestra como el país más corrupto, la gente en la calle lo sabe y no necesita de encuestas, porque, sencillamente ve la corrupción, la padece y le produce infinitiva rabia, o dolor de patria que llaman. No de otra forma puede entenderse que, no desde ahora, sino desde hace muchos años, la corrupción se advierte como el principal problema a criterio de los colombianos.

No en una, sino en todas las encuestas puntea la corrupción. La líder en la lista de preocupaciones. Dependiendo del momento, la corrupción “se va a penalties” con el desempleo o con la situación de orden público (inseguridad). Y lo más triste es que parte del discurso anticorrupción elige presidente, pero ninguno ha emprendido una lucha frontal como política de Estado para acabar con ella de una vez por todas. Discursos, no acciones. Escaramuzas y nada más. Y claro, en este gobierno de Duque ni el intento hacen, ni un amague, ni un guiño, nada de nada, y es triste pero explicable, porque obvio es entender que, para combatir la corrupción en un país campeón mundial como este, el general de esa lucha no solo debe tener la intención de librarla, sino la legitimidad y credibilidad que le brinden respaldo ciudadano frente a las adversidades que también trae el hacer lo correcto en contra de los corruptos.

Ya en este gobierno no fue. Este gobierno se acabó. La gente cuenta las horas y a medida que avanza el calendario y se esfuman los días en medio del debate presidencial, ya con todos o casi todos los candidatos, por demás docenas que se tiraron al agua, el gobierno pierde importancia y sobre todo margen de acción. El sol a las espaldas, que llaman los politólogos.

Pero les corresponderá a los candidatos que tengan opción de ganar las elecciones, si es que quieren ganar, tener discursos coherentes, pero sobre todo creíbles, en los que se comprometan con este país a estructurar, liderar y hacer efectiva una política de Estado, léase bien, política de Estado para combatir la corrupción y claro, a los corruptos sin contemplación ni amiguismo alguno. Hay que oír a la gente. Entender que este país no es viable mientras la corrupción sea el principal problema que preocupa a los ciudadanos, a la sociedad.

Colombia no puede darse la licencia de ser el país más corrupto del mundo. Alguien tiene que ponerle fin a este fenómeno miserable de la corrupción que cada día se come el sueño de los colombianos, y los recursos, pues por cuenta de esa corrupción es que la gente, también en las mediciones que hacen todas las encuestas, ve hoy a un país descuadernado en donde ninguna institución sale bien librada.

Los colombianos tienen pésima opinión del Congreso (82%) y de los partidos políticos (81%), lo cual es preocupante, por no es sorpresa. Lo que sí es desesperanzador es que la justicia y los organismos de control tengan una imagen tan desfavorable: Fiscalía (72%), Procuraduría (68%), Corte Suprema (68%) y Consejo de Estado (67%). Todo o casi todo, tiene pésima imagen, salvándose los empresarios, a quienes con razón la gente aprecia y les valora sus esfuerzos por jalonar la economía y el desarrollo de este país.

Ojalá los colombianos elijamos a un presidente moderado en los juicios, sensato, limpio, transparente, preparado e inteligente, pero con mano de hierro para combatir la corrupción; solo así valdrá la pena. No creo que la gente espere más del próximo presidente, pero tampoco menos. Ya basta.

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