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No hay mal que dure 100 años…

Pablo Felipe Robledo

09 de mayo de 2023 - 09:05 p. m.

Muchísimos colombianos recibimos con alegría la decisión del pueblo chileno, que el pasado domingo decidió en las urnas que el proceso constituyente fuera controlado por fuerzas políticas opositoras a Gabriel Boric, un inexperto, charlatán y vendedor de humo de la izquierda radical que hoy mal gobierna al país austral, como lo hacen otros afines a él en varios países latinoamericanos.

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Boric perdió el control sobre el proceso constituyente, que se trasladó a las manos del centro y la derecha, lo que constituye una clara e inequívoca muestra del querer actual del pueblo chileno consistente en que las cosas no sigan como se vienen haciendo por esa izquierda radical, que solo ha sembrado incertidumbre y frustración en sus ciudadanos, y empiezan a comprender que Boric es un verdadero “paquete chileno”.

La decisión del pueblo chileno le cae como anillo al dedo al pueblo colombiano. Lo ocurrido en Chile es una advertencia al gobierno Petro, y constituye una antesala política para predecir lo que puede ocurrir en los próximos comicios regionales de octubre, en donde los colombianos elegiremos, entre otros, a alcaldes y gobernadores. Esto puede ser el preludio de una derrota histórica del Pacto Histórico.

Y es que basta con mirar el más reciente sondeo de Opinómetro, en el que se señala que la favorabilidad de Petro, a duras penas, llega al 30 %, y que su imagen ante los colombianos se deteriora cada día, por cuenta de que los ciudadanos que creían en él se han sorprendido con la incapacidad mayúscula de Petro para gobernar y con la incompetencia general de su endeble gabinete. Petro no parece liderar un gobierno que procura acertar, sino un circo concebido para divertir a su público, cada vez más decadente y reducido.

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A Petro no le han funcionado sus discursos trasnochados y delirantes, ni sus amenazas de balcón y, mucho menos, sus alocados proyectos de reforma. Lo único cierto que ha logrado es cambiar su inicial favorabilidad por una creciente animadversión, que se extiende, incluso, a los más cercanos al Gobierno y a quienes estaban disfrutando de la multiplicidad de sabores de la “mermelada” petrista, así como de la burocracia. Muchos ya están hastiados.

Las alarmas en el petrismo se han disparado. Ya no se les ve tan retadores y sobradores, pues saben que las mieles de este cuentazo están a punto de agotar existencias. Muchos de sus más significativas “figuras” ya han manifestado preocupación frente a las consecuencias desastrosas que se avecinan para el Pacto Histórico, en caso de que en octubre no logre ratificar sus mayorías a lo largo y ancho de la geografía nacional, y por eso, llaman a la rectificación de lo que hasta ahora es un gobierno lleno de despropósitos.

A los opositores a Petro lo de Chile nos deja mensajes de moderado optimismo. Un presidente charlatán y cuentero es fácilmente contrarrestable, pues la capacidad de cumplir con su promesas siempre tiene un margen alto de no concreción y eso, al final, lo paga con desprestigio quien incumple.

Los colombianos necesitamos mantenernos en alerta y en actitud crítica frente a los desafueros de Petro, cuando este intente materializar alguna locura que solo funciona en su sórdida personalidad. Lo más importante de toda situación es la necesidad de que la población tome conciencia de los destinos a los que está siendo dirigida y que el ejemplo de los ciudadanos chilenos sirva para no resignarse en la lucha política que nos devuelva la sindéresis y nos aleje de la anarquía y la desinstitucionalización a las que Petro nos quiere conducir.

En Chile ya están poniendo límites al “paquete chileno”; ahora nos toca hacer lo propio con el “paquete colombiano”, pues “no hay mal que dure 100 años ni cuerpo (nación) que lo resista”.

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