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No más indiferencia

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Pablo Felipe Robledo
02 de junio de 2021 - 03:00 a. m.
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En estos días los colombianos estamos repletos de sentimientos encontrados. Con independencia de la posición ideológica o política que cada uno tiene sobre lo que está ocurriendo, sus causas y sus consecuencias, lo cierto es que nadie es ajeno a los sentimientos encontrados que nos genera el hecho de tener explicaciones, respuestas y justificaciones, y si se es autocrítico, cierto sentimiento de culpa, al menos, por no haber hecho todo lo que podía hacerse o por haber dedicado gran parte de la vida a olvidar al resto de la sociedad que más necesitaba de nosotros.

Hay angustia, frustración, indignación y desazón, pero, al mismo tiempo, una enorme necesidad de encontrar soluciones que permitan retornar a la imperfecta pero muy mejorable realidad y, desde allí, empezar a construir una Colombia más igualitaria en la que nos sea grato vivir a todos y de la que en realidad nos podamos sentir orgullosos y satisfechos.

Gran parte de los colombianos, entre los cuales me cuento, tenemos sentimientos de rabia contra el establecimiento, sus decisiones, su corrupción, sus complicidades, su alcahuetería y su indolencia, pero sobre todo su indiferencia.

Una indiferencia del establecimiento para combatir la corrupción que deja llenos los bolsillos de unos y vacías las añoranzas de otros. Una indiferencia del establecimiento para luchar contra la pobreza que ha llevado a que millones de colombianos sobrevivan como mendigos al no tener la posibilidad de tener tres comidas al día. Una indiferencia del establecimiento para generar empleo que haga que todos reciban al menos un ingreso decente para atender las necesidades básicas del hogar. Una indiferencia del establecimiento para que todos accedan a una educación primaria, secundaria y universitaria gratuita y de calidad que cierre las brechas y genere posibilidades reales de igualdad social, desarrollo y superación personal para sumergirse en un entorno en el que sean los méritos los que marquen las ventajas entre unos y otros. Una indiferencia del establecimiento para todo aquello que no implique su propia consolidación y la de sus corruptas clientelas y protegidos. Así de sencillo.

La gente protesta con razón, con mucha razón. El que lo niegue es más que un insensato. Muchas cosas deberíamos haber hecho años atrás para tener un país más justo, más igualitario, más digno y con mayor y mejor futuro para todos. La inmensa mayoría de nuestros dirigentes han sido, al menos, inferiores a sus responsabilidades y esa es la rabia de la gente. Es difícil sentarse al lado de aquellos que desde sus sitios de privilegio creen que todo está marchando a la perfección y que quien protesta es, simplemente un vándalo. Quienes hemos tenido privilegios debemos ser los más convencidos de que como Nación hemos errado el camino y que debemos enmendarlo con desprendida determinación.

Nos embarga la rabia. Tenemos rabia contra muchos y por muchas cosas. Pero la rabia es un motor, nunca el camino. No podemos validar que el camino sea el vandalismo, las hogueras, la destrucción, la violencia y la muerte. No podemos validar que el camino sea vestirse de blanco, autodenominarse “gente de bien” y empuñar un arma contra otros ciudadanos, o simplemente ser indiferente ante las injusticias sociales. Ese es el camino de la rabia, de la venganza, del absurdo, del más fuerte, un camino que a nada conduce porque no es idóneo para cambiar la realidad.

Colombia debe recapacitar profundamente sobre el tipo de nación en que desea convertirse. Hemos perdido mucho tiempo en encontrar el camino y cuando lo tenemos más o menos trazado, algo hacemos para eludirlo. Hay que dejar de ser así y dejar solos a aquellos que desde los hechos y desde la política se aferran a ese país que representa la fuerza bruta de la guerrilla o del paramilitarismo -ambas untadas de narcotráfico-, además de plagado de corrupción, para empezar a creer en liderazgos sanos que nos inviten a transformar esta sociedad y a soñar, sí, a soñar, algo a lo que los colombianos también tenemos derecho. No más indiferencia.

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Carlos(58915)03 de junio de 2021 - 01:41 a. m.
Excelente columna , gracias.
Alberto(3788)02 de junio de 2021 - 11:43 p. m.
Muy buena.
Carlos(92784)02 de junio de 2021 - 10:53 p. m.
Para todo eso necesitamos un gran lider que encabece todos esos cambios que espera el pais. Quien puede ser ??
Carlos(9314)02 de junio de 2021 - 04:56 p. m.
De acuerdo Robledo y hay que empezar por algo. El punto de la columnista Isabel de hoy hace referencia a la educación y creo que es una posible salida de este atolladero. Gracias
JORGE(24797)02 de junio de 2021 - 02:44 p. m.
Cuando un pueblo protesta ante las injusticias sociales de un Estado indolente y un gobernante mediocre, éste en lugar de buscar soluciones, opta por lo mas facil,utilizar la fuerza bruta para acallar ese pueblo avido de derechos igualitarios.
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