El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Petardo no come petardo

Pablo Felipe Robledo

01 de septiembre de 2021 - 12:30 a. m.

“He designado al dos veces ministro de Hacienda (…) Alberto Carrasquilla como nuevo codirector del Banco de la República”, trinó el presidente Duque a la madrugada del pasado lunes.

PUBLICIDAD

Debo confesar que, por ser el primer trino que leía ese lunes, quedé aturdido, como cuando un petardo estalla. Tan perplejo, que pensé que el nombramiento del exministro Carrasquilla en el Banco de la República en reemplazo de Carolina Soto era fruto de un hackeo a la cuenta de Twitter del mismísimo presidente de Colombia. Era absolutamente evidente para mí, en ese momento, que tenía que tratarse de un error, pues tamaño agravio al sentido común, la ponderación, la razón y, sobre todo, al país no podía habérsele ocurrido a nadie con dos dedos de frente. Pero, claro, recordé de cuál cuenta venía y entendí que Carrasquilla sí había sido designado codirector del banco central y que el petardo había estallado.

¡Qué agonía este Gobierno! ¡Qué desprecio por la gente! ¡Qué poco aprenden de las revueltas y las protestas sociales! El presidente Duque se empeña en ignorar que por cuenta de la reforma que terca y ciegamente diseñó, impulsó y defendió Carrasquilla, este país estuvo paralizado más de dos meses y dejó billones de pesos en destrucción de crecimiento económico, bienes privados y públicos, pero sobre todo en pérdidas de vidas humanas. Carrasquilla tiene todos los requisitos académicos y de trayectoria para ser codirector del Banco de la República, lo que no tiene es legitimidad, desde los bonos de agua hasta la fallida reforma tributaria, aunado a su insoportable suficiencia, vanidad y terquedad.

De verdad, uno no entiende cómo funciona eso de que el que la hace la paga, la meritocracia o la promoción de exitosos funcionarios. En este Gobierno, todos los días hay un ejemplo de lo contrario. Bandidos que se caen para arriba, gente sin mérito alguno nombrada en un alto cargo y comprobados pésimos funcionarios que se pasean de puesto en puesto, como si el servicio público fuese una pasarela.

Carrasquilla fue un fracaso desde el primer día que llegó a ser ministro de Hacienda, en medio del escándalo de los bonos de agua. Con eso lo inauguraron y, pese a ello, Duque lo sostuvo. En este país nadie renuncia a su cargo, porque eso de la responsabilidad política ya se acabó, no existe. Por eso, a Carrasquilla lo tumbó la calle. Y a esa misma calle el presidente Duque le restriega en la cara el nombramiento del nuevo codirector del banco central, para dejar claro, de una vez por todas, que lo que viene durante el resto de su mandato será atornillar en donde pueda a la gente que le es incondicional.

A Duque y Carrasquilla se les olvida que la independencia del banco central es su mayor activo. De hecho, Carrasquilla hace unos años, dándoselas de académico, decía que al Banco de la República no podía llegar alguien que hubiese estado en el gobierno recientemente; claro, salvo él.

Duque es experto en levantar muertos. Resucitó a Carrasquilla, de quien todo Colombia entendía estaba ya jubilado en lo político por cuenta de sus consabidas indelicadezas y torpezas. Duque es un provocador que reta a la opinión pública con cada nombramiento. No solo escoge mal, sino que los busca en el pabellón de los quemados, pues cuanto más chamuscados sean sus ungidos más le gustan. Es como una atracción fatal, parecida a la que tiene Uribe hacia los delincuentes.

Sin duda, Duque siempre tiene algo para espantar a la gente, quitarles la esperanza y mostrarles que este país es tan solo más de lo mismo, que aquí nada puede cambiar, que el que la hace no la paga.

Carrasquilla se fue corriendo del Ministerio por voluntad popular expresada en las calles de Colombia. Se fue entre petardo y petardo, entre grito y grito. Y ahora Duque hace su nombramiento seguramente convencido de que “petardo no come petardo”. Cada vez más, las instituciones colombianas pierden credibilidad y legitimidad ante la mirada incrédula e impotente de la gente, que con razón está mamada y quiere un cambio sustancial.

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.