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Desde hace varios años, concretamente desde la campaña presidencial de 2022, estuve advirtiendo no la obviedad de que Petro procuraría perpetuarse en el poder en caso de ganar, sino que lo haría bajo un procedimiento no previsto en la Constitución; es decir que no acudiría al Congreso para provocar una reforma vía referéndum, plebiscito, constituyente o acto legislativo, sino que convocaría directamente una constituyente a través de un decreto expedido por la Presidencia bajo el amparo de un estado de excepción.
Aunque en los últimos meses el presidente Petro ha sido aguas tibias y enredador frente a la convocatoria de una constituyente, ha manifestado que las formas no son lo importante y que el poder constituyente le pertenece al pueblo, con lo cual ratifica la idea de que lo relevante no es si la iniciativa pasa por el Congreso o no, sino si a la gente le gusta o no la idea. Es algo así como el Estado de opinión por encima del Estado de derecho.
También he advertido que claramente Petro no tiene mayorías entre los votantes, pero encontrará la forma de apoderarse de la constituyente. Lo hará segmentando las curules de la asamblea, condicionando los escaños al origen de los candidatos, asegurando porcentajes importantes para candidatos inscritos por los grupos de negritudes, indígenas, campesinos, sindicatos de trabajadores, reinsertados, LGBTI, maestros y unos cuantos pocos cupos para candidatos de partidos y movimientos políticos. Todo, bajo el eufemismo de que esta constituyente, a diferencia de la de 1991, sí será verdaderamente incluyente.
En este escenario loco y desolador que ha planteado el presidente, resurge la figurita del excanciller de Petro, Álvaro Leyva Durán, inventándose de la nada una constituyente que solo existe en su perversa mentalidad y sirve para contagiar aún más la desorbitada cabeza del presidente Petro y su forma de entender las cosas, en particular el proceso de paz.
Ante tal desatino, esta semana se lanzaron al ruedo, en forma tranquila y serena pero contundente, el senador Humberto de la Calle, ex jefe negociador del Acuerdo de Paz, y el expresidente Juan Manuel Santos, quien, songo sorongo, terminó por advertirle a Petro que cualquier proceso constituyente que se diera por fuera del marco constitucional traería la furia del Poder Legislativo, del Poder Judicial, de los ciudadanos y también de las Fuerzas Militares. Todos entendimos que las oportunas y afortunadas palabras del expresidente estaban encaminadas a recordarle a Petro que las Fuerzas Militares juraron, por encima de cualquier otra consideración, defender la Constitución, lo que podría llevarlas a liderar la oposición a cualquier intento de pasársela por la faja.
Totalmente de acuerdo con el expresidente Santos: Petro debe tener bien claro que esta sociedad no tolerará que él y la gente que lo rodea en ese desgobierno se aprovechen de su poder para pretender perpetuarse en él, algo que nada tiene que ver con que lo estén haciendo mal o bien, pues no se trata de un Estado de opinión sino de un Estado de derecho, donde las formas y las reglas sí valen y mucho.
Petro, abra el ojo, pues esto puede pasar de castaño a oscuro. Hágale caso a Santos. No nos toree.
