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Petro, el Diomedes de la política

Pablo Felipe Robledo

25 de julio de 2023 - 09:00 p. m.

“El artista más vendedor en la historia del vallenato, Diomedes Díaz (…), tuvo fama de incumplido para sus presentaciones en vivo, al punto que a muchas de ellas llegaba con varias horas de retraso o en el peor de los casos no aparecía, de allí que se ganó el título de “No vienes Díaz”. Hasta sus representantes temblaban cada vez que cuadraban una rueda de prensa con él, porque temían que no asistiera (…) como (…) cuando dejó con los crespos hechos a una docena de periodistas que asistieron para conocer detalles de su producción musical Listo pa’ la foto, grabada junto al rey de reyes Álvaro López”, dijo el periódico El Heraldo.

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Esta semana, La Silla Vacía publicó un informe titulado “Petro ha incumplido su agenda 82 veces desde que es presidente”, sin contar las que sí llega, pero con insultante retardo de varias horas. Es decir, esas 82 veces de las que habla La Silla Vacía se refieren a la cancelación de eventos a los que Petro, al igual que Diomedes, simplemente no asistió y dejó con los “crespos hechos” a todos quienes, como a cualquier presidente o artista, lo esperaban con ilusión.

No se trata de alguien que a título personal tiene por costumbre no asistir a sus reuniones o no cumplir con su agenda; tampoco se trata de una persona que por razones extremas no va a donde se había comprometido; y, mucho menos, de alguien que deja de asistir a donde advierte no lo van a recibir como él cree que se merece. El asunto es diferente. Se trata del presidente de un país, con una agenda pública y compromisos que, en su condición de tal, son inexcusables y en los que su presencia se hace a título institucional como parte de sus labores de jefe de Estado.

En esos compromisos incumplidos, Petro, en nombre de los colombianos, ha dejado metidos a todo tipo de personas acá en Colombia y en el extranjero, empezando por homólogos suyos, militares, policías, jefes de misiones diplomáticas, directores de organismos internacionales, universidades, académicos, líderes sociales, parlamentarios, empresarios, gremios, compañeros o subalternos de gobierno, o lo que es más grave, a miles de personas, es decir, Petro ha dejado plantado “hasta al gato”.

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Uno de los pilares del buen gobierno es la puntualidad, la asistencia a las reuniones y el cumplimiento certero de la agenda, pues además, ello es ejemplo para decenas de altos funcionarios del Estado que deben saber y aplicar varias reglas universales que se sintetizan en que “el tiempo es oro” y “el tiempo de los demás se respeta”. Por esta razón, en otras latitudes, como las europeas y asiáticas, la puntualidad no es una virtud sino una obligación derivada de las buenas costumbres y la ética, que implica tratar a todo el mundo con respeto y consideración, lo que debe ser premisa de quien no solo se representa a sí mismo sino a otros, como es el caso de un funcionario público, entre ellos, obviamente, hasta el presidente, el primer ministro, el rey, el jefe de gobierno o como quiera que se llame.

Razón tuvo el alcalde de Bucaramanga, Juan Carlos Cárdenas, al trinar el pasado viernes con alto grado de indignación que “el presidente Gustavo Petro hoy deja plantada a Bucaramanga”. Bien por este mandatario que, en vez de callar, decide ponerse firme para hacerse respetar y, lo más importante, para hacer respetar a su pueblo, integrado por personas de la tercera edad, hombres y mujeres, jóvenes, líderes y hasta niños a los que Petro menosprecia y humilla haciéndolos no solo esperar sino dejándolos con los “crespos hechos”.

Miles de millones de pesos de recursos públicos y privados se han perdido por cuenta de esta adicción al incumplimiento que tiene Petro, lo que sin duda es una forma de corrupción por despilfarro. Pero, sobre todo, una muestra de desinterés en las labores de gobierno que explican muchas actitudes de él y otros funcionarios, pero a las que Petro les debe una explicación, contándole al país cuáles son las causas de sus tardanzas y cancelaciones. No vaya a ser verdad que todo se deba a supuestas adicciones a las drogas y al alcohol, como lo dejó entrever su compadre Benedetti, todo un profesional en estas lides que conducen a lo que hoy llaman en Palacio “cancelar por agenda privada”.

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