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He sostenido que una integración empresarial entre Avianca y Viva Air sería nefasta para Colombia. Nefasta no solo para la libre competencia económica, sino para los pasajeros.
La integración entre Avianca y Viva Air en el mercado colombiano traería graves consecuencias en 72 rutas nacionales (mercados relevantes) en las que estas aerolíneas tienen presencia. Obsérvese, por ejemplo, lo caótico. En la ruta Barranquilla-Pereira, Avianca pasaría del 46 % al 100 %; en Bucaramanga-Cartagena, del 57 % al 100 %; en Cali-Cartagena, del 29 % al 58 %, y en Cartagena-Medellín, del 24 % al 66 %, por solo citar algunos ejemplos. Lo mismo ocurre con rutas internacionales en las que las concentraciones por participación conjunta llegarían al 70 %, 80 % o 90 %.
En palabras sencillas, una integración entre Avianca y Viva Air contribuiría al fortalecimiento del monopolio de Avianca en muchas rutas, pues eliminaría la posibilidad de una futura vigorosa competencia por parte de Viva Air. En muchas otras rutas en las que están presentes Avianca y Viva Air habría un incremento del poder de dominio, del poder de mercado o de participación, todo lo cual iría en detrimento de los pasajeros, quienes tendrían menos opciones y tiquetes a más altos precios (ya de por sí bastante caros), y además un mayor grado de desatención e insatisfacción, debido al creciente atropello de Avianca por cuenta de lo que parece una migración a aerolínea de “bajo costo” a “precios altos”.
Por esa razón, se hace necesario volver a felicitar a la Aeronáutica Civil por haber negado, el 8 de noviembre en primera instancia, la nefasta integración empresarial de Avianca y Viva Air, pues en ese trámite se resolvió, en palabras sencillas, que eso era perverso para el país, fundamentalmente por la explicación que ya he dado.
También es importante felicitar a la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC), que un mes después (9 diciembre), tras haber adelantado una juiciosa indagación preliminar, decidió imputar cargos contra Avianca y Viva Air por violación de las normas de competencia al haberse materialmente integrado sin contar con la autorización de la Aeronáutica, lo cual podría acarrearles no solo la reversión de las operaciones sino además multas billonarias (ojo, billonarias) de hasta el 20 % de su patrimonio o el 20 % de sus ingresos operacionales, de acuerdo con el nuevo poder sancionatorio que le dio la Ley 2195 de 2022 a la SIC.
La SIC se dio a la tarea de indagar y concluyó, preliminarmente, como consta en la imputación de cargos, que la mentada integración empresarial ya se había consolidado —como en efecto creo que ocurrió— por cuenta de que para la SIC siempre ha sido claro que “el deber de no materializar la integración antes de obtener la autorización correspondiente incluye el de no empezar a desarrollar la integración mediante actos que impliquen una unión económica entre los agentes del mercado”. Es decir, “primero cae un mentiroso que un cojo”.
Estamos en presencia de dos grandes decisiones, valerosas y acertadas que, como siempre lo dije, eran evidentes y para ello solo se necesitaba que estas autoridades (Aeronáutica Civil y SIC) quisieran hacer en debida forma su trabajo y que quienes estaban a cargo de ellas se amarraran los pantalones, cosas que al final hicieron por el bien de todos y de la libre competencia como columna vertebral de la economía de mercado.
Lo que falta es que la SIC decrete medidas cautelares para revertir lo que ya hicieron estas aerolíneas de forma solapada y torticera y así evitar que Avianca siga marchitando intencionalmente a Viva Air y que cualquier futuro fallo no se encuentre con una situación consolidada e irreversible.
Las multas a estas aerolíneas serán enormes, enormes de verdad. ¡Que Dios las coja confesadas!
