La semana pasada terminó siendo más que importante para el futuro político electoral de Colombia. De cara a las elecciones presidenciales, muchas dudas quedaron resueltas, no todas; muchas precandidaturas presidenciales se abrieron paso, no todas; y muchos ciudadanos, no todos, van encontrando al candidato de su preferencia o, por lo menos, el sector con el que más se identifican.
El mal gobierno de Duque y sobre todo el hecho de que una persona sin merecimiento ni credenciales hubiese logrado convertirse en presidente generó, en este debate presidencial, una avalancha de precandidatos que, con absoluta seguridad y hasta con razón se preguntaron: si Duque pudo, yo por qué no podría. Por fortuna, algunos de esos ya han salido del ruedo y otros lo harán en los próximos meses cuando se hagan las consultas que ahora se van concertando y consolidando.
Lo de las precandidaturas se había convertido en una recocha ante la montonera de candidatos, pero lo que se ha visto en las últimas semanas es un proceso de aglutinamiento con miras a consolidar sectores de opinión ciudadana y política en el amplio espectro que hoy tiene Colombia y que va desde la izquierda radical hasta la derecha radical, pasando por un centro que estuvo fortalecido hace cuatro años y a punto de ganar, y que ahora, si juega bien sus cartas, tiene la mayor de las opciones en primera vuelta, y asegurado el triunfo en una segunda vuelta, si llegase a pasar a esta.
La izquierda radical, perversa por radical pero no por izquierda, tiene aglutinados a varios candidatos y de todo tipo. Dentro de ella, un montón de incoherencias. En realidad, no es una consulta, sino un mecanismo de hacer campaña y recoger fondos, pues Petro y todos quienes allí van a participar, hablan, actúan y se mueven no a favor de su aspiración sino de la Petro. Saben que no pueden ganarle a Petro, y actúan como si quisieran demostrar que tampoco quieren. En ese sentido, esa consulta es una farsa, pero no lo es la candidatura de Petro, que sí es una realidad. Terrible, pero, al fin y al cabo, una realidad. Da susto.
La derecha radical personificada en Uribe y en su Centro Democrático también andaba de parranda política, recochando y fanfarroneando. Paloma, Cabal, Nieto Loaiza y un tal Alirio (el del sombrero), todos, sin excepción, peores que Duque. Allí escogieron a su candidato Óscar Iván Zuluaga, el menos malo de todos, en una supuesta encuesta que se dice fue manejada con el dedo índice de Uribe, en donde la Cabal logró sentir lo que es un despojo. Zuluaga ha sido, es y seguirá siendo uribista, y con eso me basta para estar seguro de que jamás votaré por él, pero su candidatura tiene gran importancia.
Por los lados de la Coalición de la Experiencia o Equipo por Colombia hay gente con trayectoria, unos mejores que otros, que saben que tienen posibilidades importantes. Pero creo que Echeverry, Char y Peñalosa se equivocan, pues el uribismo les metió su Caballo de Troya. Fico Gutiérrez es más uribista que Tomás y Jerónimo. Preocupa, eso sí, que ellos -Echeverry, Char y Peñalosa-, curtidos en la política, estén trabajando para agrandar a Fico y por esa vía no quedarles más alternativa que recibir el apoyo uribista ante la imposibilidad de crecer mirando un poco hacía algún sector importante de centro derecha, en donde tienen espacio, pero deben ir por él. Con Fico terminarán patroneados por Uribe y perdiendo las elecciones presidenciales, por desgracia para ellos, pero por fortuna para el país, que está mamado ya de Uribe y de todo aquello que tenga alguna identidad con él.
Finalmente, la semana terminó dándose a conocer el Acuerdo Centro Esperanza que tiene ya en sus filas no solo a Fajardo y a Galán, buenos y serios candidatos, sino también a Alejandro Gaviria, quien terminó tomando la sensata decisión de fortalecer el centro que representa y desde ahí procurar obtener su candidatura presidencial, lo que no le será fácil pero sí bien factible. Este es el centro que muchos esperábamos.
Posdata. Algunos dirán que se me olvidó Rodolfo Hernández pero no. Creo que Hernández es un loquito que actúa como tal y que no tiene un futuro diferente al de unirse a Petro, que a mi sentir es el más loco y el más perverso de todos.