No salgo del asombro. Desde antes de las elecciones, cuando el inefable registrador Alexánder Vega tuvo la osadía de decir que quien no sintiera garantías no debería presentarse al debate electoral, todo empezó mal, muy mal. Este funcionario dejaba entrever no solo su juventud, sino su incompetencia.
El registrador nacional del Estado Civil no es el funcionario encargado en el Estado colombiano de arbitrar sentimientos, no es él quien debe decirle a alguien qué hacer frente a sus íntimas convicciones, temores o duendes. Su labor es ciertamente más importante que eso. Su misión es la de dar garantías electorales y punto. Y si no es capaz, como en efecto no lo ha sido, su camino no es otro que reconocer que el puesto le quedó grande, que la silla le baila y que debe renunciar al cargo al cual nunca debió llegar.
En ocasiones, acceder a un cargo público es asunto relativamente sencillo. De hecho, muchas personas llegan a altas dignidades sin ningún merecimiento específico y sin estar precedidos de las credenciales que hagan pensar a todos que se tiene la idoneidad para ejercer. Por esa razón, solo el ejercicio recto y certero del cargo es lo que demuestra si se era o no merecedor de recibir esa alta dignidad. Es decir, el ejercicio del cargo es —nada más, pero tampoco menos— la refrendación del nombramiento. El único día que no importa es el de la posesión, los demás son todos trascendentales.
El caso del registrador Alexánder Vega amerita reflexiones. Un tipo menor, sin trayectoria ni reconocimiento, salvo la de manzanillo. Este personaje no solo terminó accediendo a una altísima dignidad del Estado, sino que, por cuenta de las circunstancias y la coyuntura, le correspondió adelantar las elecciones más importantes y cruciales de la historia reciente de Colombia, en un momento políticamente complejo. En este escenario no hay lugar para el menor error, la menor ligereza ni el más mínimo descuadre. Se requería un registrador con pulso de relojero y nos tocó uno con pulso de maraquero.
Alexánder Vega recibió una entidad con buena reputación, prenda de garantía para todos los partidos y movimientos, salvo para aquellos que siempre viven del caos. Ahora, Vega vive en una entidad respecto de la que nadie, pero nadie es nadie, confía en los resultados que informa, llámenlos como los quieran llamar: preconteo, conteo, reconteo o definitivos.
Petro, en su actitud enfermiza, siempre ha dicho que habrá fraude. Lo ha dicho en todas las elecciones en las que ha participado y siempre lo dirá. Sin embargo, la nefasta Registraduría de Alexánder Vega da papaya y al Pacto Histórico le aparecen casi 400.000 votos adicionales para sus listas de Senado, que se traducen en tres senadores más, lo cual es particularmente grave. Uribe llama a desconocer los resultados electorales y todos, incluso los más sensatos, están preñados de dudas y desconfianzas y hasta se atreven a pedir un reconteo general. Incluso el propio registrador Vega iba a pedir un reconteo general, lo cual hubiera sido sensato en medio del naufragio en el que está timoneando esa entidad, pero no es muestra de buena gestión. Tremendo problema.
Registrador, asuma la responsabilidad de lo ocurrido y renuncie a su importante cargo, pues nunca como ahora se necesita que la Registraduría sea prenda de garantía para todos.
Registrador, respete el cargo, respete la dignidad que tiene la función pública que le encargaron, respete la democracia y al país. Tenga decoro, dignidad. Renuncie.