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Ahora que comienza el año, el Gobierno de Petro debe entender que al finalizar este 2024 habrán transcurrido veintiocho meses de su mandato, de los cuales ya despilfarró más de la mitad.
Al finalizar 2024, Petro habrá caminado por el 60 % del tiempo de su mandato que en términos de poder real para efectuar transformaciones estructurales es el 100 %; poco o nada puede hacer un presidente en el faltante período cuando constitucionalmente no tiene posibilidad de hacerse reelegir. Terminado este año 2024, Petro, como cualquier otro presidente, tendrá el “sol a las espaldas” y más fuerza transformadora tendrá un purgado. Como se dice en el deporte: game over.
En términos prácticos, Petro requiere que varias de sus iniciativas se concreten durante el año 2024, pues el resto del mandato será de simple trámite. En su caso, Petro puede dedicarse a seguir tomando su adictivo café. Esta realidad política muestra la necesidad de que quienes nos oponemos al gobierno y consideramos que las propuestas transformadores, en el mejor de los escenarios, son pésimas. Entendamos que los meses de resistencia ya son pocos: enero a diciembre de 2024.
El 2024 será un año de confrontación en lo político y lo ideológico. Habrá de todo: reparto de mermelada, reacomodamiento permanentemente de las fuerzas políticas, amenazas a congresistas, choques de trenes con las altas cortes y conflictos callejeros impulsados por un gobierno que buscará el caos social. También será un año de deslealtades de los amigos de Petro con él y su reinado, pues cuando vean que el gobierno sigue solo teniendo los dos cambios que ya evidenció (neutro y reversa) serán sus alfiles los primeros en abandonar el barco, pues estos necesitarán subirse al barco desde el que se gobernará en el futuro —independientemente de su ideología— en vez de naufragar en este con ellos a bordo.
El gobierno le seguirá apostando a la paz total y a su proceso con el ELN, así como también a sus nefastas reformas a la salud, laboral y pensional, que más temprano que tarde se ahogarán en sus propias aguas o en el Congreso, pues el país le pasará la factura a Petro el haber desaprovechado (tirado a la basura) el primer año y medio en el poder, que, como todos sabemos, es el que normalmente utiliza un gobierno para sacar adelante sus reformas —buenas, regulares o malas— sobre todo, reitero, en el escenario de no reelección que es el que actualmente rige.
Ambos, gobierno y oposición, necesitarán poner “toda la carne el asador”. El gobierno de izquierda radical es consiente de que va mal, que no ha logrado concretar sus iniciativas, que su popularidad raya a la baja con el absurdo teniendo en cuenta el poco tiempo y sabe algo peor: que entre ellos no hay un líder que pueda hacerse elegir para continuar gobernando. La oposición, que hoy es superior al 70 % (el centro y la derecha), sabe que el poder hay que recuperarlo ahora, cuando el petrismo está en cuidados intensivos y que hoy se tiene la oportunidad para que, en Colombia, la izquierda radical que tanto daño ha hecho en América Latina en las últimos años (Venezuela, Argentina, Nicaragua, Ecuador, Chile y México) sea solo flor de un día en nuestro país.
Muchísimos mandatarios locales elegidos en distintos lugares del territorio nacional pueden ayudar, no participando en política ni confrontando innecesariamente con el Gobierno Nacional, sino recuperando la fe de sus ciudadanos en una política racional en beneficio del desarrollo, que fue por la que arrolladoramente votamos en las elecciones de octubre de 2023, marcando el comienzo del fin del gobierno Petro y la necesidad ineludible para la oposición de prender ya las brasas y poner “toda la carne en el asador” con miras a las elecciones presidenciales de 2026.
