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Una oportunidad, sin espejo retrovisor

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Pablo Felipe Robledo
22 de julio de 2026 - 05:05 a. m.
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Electo el presidente De la Espriella, y a pocos días de su posesión, se abre la posibilidad –inaplazable e irrenunciable– de cambiar el rumbo extraviado por el que cabalgó el mal gobierno de Petro.

La retoma de las acertadas y asertivas políticas públicas para recuperar el tiempo perdido demanda de De la Espriella no solo ponderación y tranquilidad, sino agilidad y trabajo, quizás, como en ningún otro momento de nuestra historia reciente. Si bien muchas veces el nuevo presidente se encontraba con un país polarizado, jamás el reto para el entrante había sido reconstruir una sociedad tan dividida por el odio y tan sumergida en el retroceso.

Para todos los presidentes había sido sencillo entregarle a su sucesor un país mejor que el recibido. En el caso de Petro, no hay ninguna duda de que le entregará a De la Espriella un país en peores condiciones que el que recibió en 2022. Por eso, De la Espriella debe entender que su espejo retrovisor no puede ser nunca el gobierno de Petro, porque eso sería sinceramente opaco, y que el gran reto no es mejorar lo que recibió, pues eso sería demasiado fácil.

Hace bien el presidente entrante en trabajar con determinación desde su elección para consolidar un equipo de gobierno calificado, pues no hay tiempo que perder, y mucho menos, para malgastarlo en aumentar las tensiones ciudadanas, políticas e institucionales o para quedarse petrificado por el desastre que está recibiendo. Ese desastre no puede generarle tranquilidad y complacencia, sino ganas de reconstruir lo destruido por Petro, y de ajustar lo que él desajustó.

Justificarse en el gobierno anterior, si bien es una tentación, es no entender los designios de grandeza a los que está llamado un presidente. De la Espriella no puede caer en la tentación de compararse con Petro, ni puede permitirse que quienes en el gobierno lo acompañen descarguen sus posibles errores o frustraciones en el retrovisor de Petro, pues ello, además de ser inútil, denotaría falta de grandeza, y esta es la que esperamos todos tenga el nuevo gobierno.

Parte de los problemas que tuvimos en los dos últimos cuatrienios es que Petro trató de compararse permanentemente con Duque, y Duque con Santos. No así Santos con Uribe, ni Uribe con Pastrana. Por eso, Uribe y Santos, tienen asegurado el título de estadistas, pues ellos transformaron este país en esos 16 años. Duque y Petro se quedaron mirando el retrovisor y el país, obviamente, retrocedió.

De la Espriella deberá aprovechar que más de la mitad de los colombianos están esperanzados y dispuestos a respaldarlo desde la sociedad civil, los gremios empresariales y las instituciones. Nadie con algún nivel de sensatez quiere que fracase. Hay dudas, y eso está bien, pero eso es muy distinto a la idea loca de pensar que el fracaso de De la Espriella sería un triunfo de Colombia.

En el caso de Petro fue distinto. Además de las dudas sobre su capacidad de sacar al país adelante y de su capacidad de unirnos, siempre existió, casi que desde el primer día, la convicción de que él y su equipo de gobierno estaban por debajo de las expectativas, lo cual día a día se confirmó. La ineptitud, la locura, el desenfreno, el odio, la chabacanería y la rampante corrupción consumieron las esperanzas de millones de colombianos, quienes no hicimos nada distinto que contar las horas para que se fuera y viniera otro dispuesto a gobernar bien.

De la Espriella debe conducir a Colombia, no sé si hacia una Patria Milagro como ha dicho lo hará, pero sí hacía la retoma del rumbo del progreso. Tiene el reto de probarnos que sí merecía la oportunidad que las urnas le han dado de ser presidente.

Presidente De la Espriella: gobernar con un espejo retrovisor no ha sido bueno para ninguno. Nadie espera que usted sea mejor que Petro; eso lo damos por descontado.

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