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Una vara muy bajita dejará Petro

Pablo Felipe Robledo

15 de mayo de 2024 - 12:00 a. m.

Muy pronto, en un par de meses largos, Gustavo Petro cumplirá dos años como presidente de la República, llegando así al final de la primera mitad de su mandato. Más allá de las preferencias o los gustos que cualquier colombiano pueda tener o no por quien haya ejercido el cargo de presidente, lo cierto es que todos, incluso los que uno considera que no fueron buenos mandatarios, hicieron de Colombia un país mejor que el que recibieron, en temas de cardinal importancia para sus ciudadanos.

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Antes de Petro, podría uno afirmar sin miedo a equivocarse que todos los últimos expresidentes lograron que Colombia avanzara en muchísimos asuntos, se estancara en algunos y retrocediera en pocos, y que cada cual cumplió con la misión de entregar, en términos generales, un mejor país que el que recibió. Claramente, no siempre un mandatario sobrepasa en todo el legado del expresidente que lo antecedió, pero sí en varios aspectos y, de hecho, de eso se trata el ejercicio del poder, aquí y en cualquier parte del mundo. Esto lo digo desde mi condición de férreo opositor a los gobiernos de Duque y Uribe, así como de exfuncionario de ocho años del Gobierno Santos.

En el caso de Petro, todo indica que será el único de los recientes presidentes que al final de su mandato no podrá decir que al menos superó positivamente la gestión de sus antecesores en asuntos de cardinal importancia. Lo de Petro es realmente calamitoso, bochornoso, fantasioso y grotesco. No ha logrado concretar ninguna iniciativa relevante que destaque a su gobierno positivamente en algún asunto que amerite ser reconocido o identificado. Pero tampoco se ha dedicado a cosechar sobre lo sembrado o mejorar lo que haya que mejorar, pues a cada tema le pretende pasar una aplanadora para empezar de cero, como todo un loco mesiánico refundacionista que cree que el sol salió por primera vez en la mañana del día que él nació y que la luna se dejó ver por primera vez ese mismo día para darle las buenas noches.

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Algunas personas dirán que aún es muy temprano para vaticinar que Petro y su izquierda radical pasaron por la Presidencia dejando más pena que gloria, pero lo cierto es que, en un período presidencial de cuatro años sin posibilidad de reelección, las grandes ejecutorias de un presidente se hacen en la primera mitad del mandato. Después de eso, más fuerza tiene un purgado que el presidente, teniendo en cuenta que ya pocos se interesan en los asuntos que trasnochan al primer mandatario. Todos ya se bajaron del barco o están esperando el momento preciso para hacerlo y pensando en jugarse sus restos en la elección del nuevo presidente, que es lo que se llama irse acomodando.

Petro no consigue convencer a nadie con sus propuestas de reforma, está lleno de odio, gobierna desde una trinchera, firma varias peleas por día todos los días, le dispara a todo lo que se mueve y vive en el mundo del golpe blando para defenderse él y a su gobierno de su ineptitud, corrupción, improvisación, falta de ejecución y demostrada incapacidad para gobernar. Así las cosas, es de esperar que esto no cambie y que en los próximos dos años tengamos más de lo mismo, pues loro viejo no aprende a hablar.

Por todo esto, hace bien el país al empezar a preocuparse por evitar que Petro se invente algo que le permita perpetuarse en el poder (constituyente por decreto de excepción y segregación de curules) y al mismo tiempo buscar candidatos presidenciales con la capacidad suficiente para sacar a este país del nunca antes visto escenario de que un presidente no sea capaz de dejar un mejor país que el que recibió. Difícil será recuperar el tiempo perdido por Petro, pero quien habrá de reemplazarlo en la Presidencia tendrá fácil la elemental tarea de superarlo. La vara quedará demasiado bajita al final de este mandato.

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P. D. Que alguien le regale a Petro el libro La república, de Platón. Ni Maduro se había atrevido a tal ridículo.

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