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Váyase “pa’l carajo”, presidente

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Pablo Felipe Robledo
04 de octubre de 2023 - 02:00 a. m.
"A Petro solo le interesa la alabanza y quien no la profese es su mortal enemigo, por eso a los medios de comunicación ya los tiene graduados de tal" - Pablo Felipe Robledo.
"A Petro solo le interesa la alabanza y quien no la profese es su mortal enemigo, por eso a los medios de comunicación ya los tiene graduados de tal" - Pablo Felipe Robledo.
Foto: Presidencia
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La prensa es, sin lugar a equívocos, uno de los pilares fundamentales de la democracia. Ella mantiene informados a los ciudadanos y en cintura a los más poderosos, y a la vez es la voz de quienes no la tienen. Sin la defensa irrestricta de la libertad de prensa, este histórico e importante periódico y otros cientos en el mundo no existirían.

Lo sucedido la semana pasada con la revista Semana debe encender las alarmas de todo un país que entiende que proteger y rodear a la libertad de prensa de todos los medios es un imperativo irrenunciable, gústenos o no sus formas o estilos, ello es irrelevante. No existe ningún motivo que justifique o si quiera explique la irrupción de la minga indígena en Semana, no es más que un grosero atentado en contra de la libertad de prensa a la que buscan censurar e intimidar.

Sin embargo, lo más grave de la situación no es el empleo de la fuerza para entorpecer el ejercicio periodístico -lo cual ya es suficientemente grave-, sino que esa situación, indeseable por donde se mire, fue motivada y patrocinada desde el mismo desgobierno de Gustavo Petro, lo cual es abominable.

En efecto, este gobierno que de gobernar sabe poco pero que conoce muy bien la tarea de organizar marchas para paralizar a todo un país ha orquestado, ahora, una serie de protestas dizque pacíficas para presionar a todo el periodismo con el fin de que éste cese en sus críticas y apoye las impresentables reformas de Petro, duramente derrotadas en el Congreso y repudiadas por gran parte de la sociedad, los partidos políticos, los opinadores y los gremios.

Esa posición irreflexiva y dictatorial, tan propia de Petro, es peligrosa para la democracia. A Petro solo le interesa la alabanza y quien no la profese es su mortal enemigo, por eso a los medios de comunicación ya los tiene graduados de tal.

Si Petro fuera un verdadero estadista centrado y conciliador -que no lo es y que está a siglos luz de serlo- sabría sortear las válidas críticas elevadas por la prensa que precisamente cumple su rol ejerciendo contrapeso al poder político y económico, sin necesidad de estar polarizando el debate con los periodistas, etiquetándolos en una u otra orilla política, o atacándolos de manera frontal, con el trasnochado discurso de que supuestamente todo aquel que critique al gobierno es porque no quiere el cambio en Colombia. Petro se cree un Dios, un Salvador, un Mesías, y por ende está convencido de que criticarlo es la peor herejía que solo se paga con la hoguera.

Todos los ciudadanos, sin excepción alguna, debemos protestar enérgicamente cada vez que el Dios Petro o sus apósteles salen a despotricar y a atacar a la prensa, pues por esa vía, reitero, están conculcando el derecho de los ciudadanos menos poderosos a ser oídos, a buscar un verdadero cambio, a sacar a relucir los más aberrantes casos de corrupción y combatirlos, y en términos generales, el derecho a que todo marche con el ojo puesto en el beneficio general de la sociedad.

Es deber de este gobierno y de todos sus integrantes propiciar un ambiente seguro para que la prensa y los periodistas ejerzan su oficio con libertad, con independencia, con agudez, con temple y puedan informar sin retoques los sucesos de interés nacional y puedan alzarse las críticas cuando así se considere, sin que el gobierno los censure o persiga, ora directamente u ora por los laditos, como ocurrió con los hechos vandálicos en Semana, hechos estos frente a los cuales el presidente Petro y unos ministros no lograron esconder su risa.

Petro es un peligro para la libertad de prensa y ella debe saberlo. Ya son muchos los hechos que lo prueban de manera irrefutable. Ya verá la prensa qué actitud toma, pero la que le recomiendo es la de alzar su voz y mandar “pal carajo” al presidente; no hacerlo es también una manera de actuar cómplice de la prensa sumisa, la cual se podrán arrepentir cuando no sea la revista Semana la víctima.

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