Macron está en la soledad del poder jupiteriano después de aprobar la reforma a las pensiones, por la aplicación del 49.3 y otros artículos constitucionales que permiten medidas de excepción. Procedimiento posteriormente aprobado por el Consejo Constitucional, decisión político-legal muy cuestionada, por significar una ruptura profunda entre la democracia institucional y la democracia social. En las presidenciales Macron solamente logró mayorías en la segunda vuelta con el apoyo de la izquierda, en contra de la señora Le Pen de extrema derecha. Después el Gobierno no alcanzó mayorías en las legislativas. Al no aceptar una cohabitación (participación real en el Gobierno) con otras fuerzas (especialmente de izquierda), que tendrían eventualmente el primer ministro, Macron decidió buscar mayorías parlamentarias para aprobar reformas caso por caso o forzarlas, como la innecesaria reforma pensional.
Esta última decisión tuvo un fuerte rechazo de amplios sectores, huelgas y manifestaciones multitudinarias. Lo más visible ha sido los choques con la policía, las basuras, las llamaradas y humaredas en las calles; lo más profundo y significativo es el descontento generalizado acentuado por un sinnúmero de inconformidades: bajos salarios e inflación, compensada con bonos de 50 euros en algunos territorios o subsidios por reivindicaciones pendientes en salud, educación, vivienda, energía, transporte… mientras las ganancias empresariales aumentan.
Al mismo tiempo han tenido lugar protestas de ecologistas contra productores agrarios que, frente a la sequía, alteran los flujos superficiales y subterráneos de agua y la almacenan en grandes reservorios; esto produjo violentos choques con la policía.
Los gases de efecto invernadero ya elevaron la temperatura atmosférica regional cerca del límite propuesto de 1,5 ºC en el Acuerdo de París; el cambio climático se manifiesta en buena parte de Francia con sequías, incendios y erosión costera; afecta ecosistemas, cultivos, bosques, viviendas… Los plásticos como el teflón y los agroquímicos contaminan ampliamente, se acumulan.
El cambio global deja sin piso las proyecciones tradicionales de escenarios económico-sociales a 10 o más años y las reformas convencionales resultan anacrónicas. La nueva agenda la determinarán las dinámicas naturales, sociales, científicas y la geopolítica, no la macroeconomía de Estado o la economía empresarial. Urge una transición (ecológica) que trate integralmente lo natural, social y económico. Esto requiere un esfuerzo conjunto sin antecedentes de planeación gubernamental, participación de la comunidad, iniciativa empresarial, territorial, regional, sectorial, temática… En Francia los recursos necesarios están comprometidos en varios frentes estratégicos desarticulados y desperdiciados en armamento, como construir un supermegaportaviones, etcétera...
Macron quedó marginado en su intento de lograr una Europa unida y fuerte como quería De Gaulle. Los países de Oriente y Occidente se rearman. Se “normaliza” diariamente la preparación de la gran batalla contra Rusia y Jens Stoltenberg dice que para junio Ucrania hará parte de la OTAN. ¿Con riesgo elevado de “accidente” nuclear? Se debería entablar negociaciones inmediatas entre Estados Unidos y Rusia y China, como dice Jeffrey Sachs.
Ante los signos inequívocos de una crisis de civilización, Francia siempre ha mostrado caminos, salidas. Ahora también lo hará.