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No podemos fallar*

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Pablo Leyva
30 de agosto de 2022 - 05:30 a. m.
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Estamos frente a un futuro incierto y difícilmente imaginable si consideramos las actuales dinámicas e interacciones de los sistemas naturales, sociales y económicos. La realidad global agotó los escenarios grabados en el imaginario colectivo, todo cambió. Tenemos que construir el futuro, es hora de la transición, no hay tiempo.

La guerra contra el narcotráfico fracasó, la guerra contra el enemigo interno fracasó, la guerra para mantener el orden establecido fracasó, la guerra contra el establecimiento fracasó; la guerra es el fracaso de la política. No más asesinatos, masacres, venganzas, persecuciones y desplazamientos; no más miedo ni terror, no más horror. Es urgente alcanzar la paz total. No más destrucción, corrupción, injusticia, discriminación, desigualdad, pobreza y hambre.

Es urgente considerar los límites físicos y naturales del territorio y de un planeta finito, y transformar la economía de consumo, desperdicio y contaminación. Esto exige nuevas miradas y métodos de análisis. Repartir el presupuesto nacional, por ejemplo, referido a porcentajes del PIB, y luego atomizarlo, en lugar de asignarlo de forma orgánica**, es proyectar el desacierto. Es deber de una institucionalidad de cara al futuro la incorporación estructural de la economía, los ciclos naturales, la materia, la energía, así como las necesidades sociales, en modelos dinámicos complejos.

Los empresarios y responsables del aparato productivo deben enfrentar la nueva realidad y colaborar en la transformación y adaptación de las empresas públicas y privadas al mundo del futuro, profundizar en la responsabilidad social empresarial, no engañarse con el greenwashing. Insistir en las estructuras actuales y en las señales del mercado y la tasa de interés como las guías del mundo es una necedad, una sin salida.

La sociedad necesita prepararse y buscar consensos para manejar el crecimiento poblacional, su desmedido y desigual consumo; asegurar la sostenibilidad con austeridad; fortalecer la riqueza y la diversidad cultural del país, y establecer programas estatales sólidos, que aseguren la supervivencia de las lenguas y culturas indígenas, actualmente amenazadas.

Es el fin de la economía basada en los combustibles fósiles. Hay que empezar de inmediato una transición cuidadosa, eficaz; transformar un comercio exterior de alto riesgo basado en el petróleo y el carbón para importar alimentos que podemos producir; descartar el fracking del todo por sus desastrosos impactos y efectos ambientales de corto y muy largo plazo. Para analizar escenarios de transición energética, ¿alguien puede informar seriamente cuál es la verdad sobre las reservas de petróleo, gas y carbón del país?

El calentamiento global y el cambio climático son una realidad. ¿Actuamos ahora o esperamos a que las crisis, los desastres y las decisiones de otros países nos obliguen? Se requieren conocimiento, disciplina y amplios consensos. Tenemos un presidente que piensa en la paz, lo social, económico y ecológico. Debemos aprovechar esta oportunidad, no podemos fallar.

* Expresión utilizada por el presidente Gustavo Petro el 7 de agosto.

** Leonor Zalabata, en entrevista con CM&.

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