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Rabo de ají

Campus de batalla

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Pascual Gaviria
22 de abril de 2026 - 05:11 a. m.
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Hace dos años el presidente Petro puso a las universidades públicas como punta de lanza de su idea constituyente. En un evento en la Universidad de Córdoba señaló el primer escenario de lucha: “habría que recorrer todas las universidades públicas del país para que se constituyan las asambleas constituyentes estudiantiles y profesorales”. La idea de una reforma a la Constitución del 91 ya es historia para este gobierno, pero las constituyentes universitarias han ido rodando en medio de los choques del gobierno con gobernadores y estamentos universitarios que no controla.

En la Nacional, donde se intentó imponer un rector por fuera de las reglas vigentes, ya fue elegida una Mesa Constituyente Universitaria con 238 delegados. No se sabe muy bien su papel, legitimidad y alcance. Se habla de democratización, pero en la elección de los delegados solo participaron el 6,6 % de los estudiantes. En las universidades públicas donde el gobierno ha nombrado rector luego de intervenciones, Antioquia y Atlántico, también avanzan las constituyentes. El temor es que lo que se propone como un ejercicio de autonomía termine en subordinación al gobierno que dirige el proceso, y que la prometida democratización acabe en una hegemonía partidista.

El crecimiento en la oferta de cupos universitarios ha sido una de las banderas del presidente y el voto de los jóvenes uno de sus principales objetivos. Para el gobierno no se trata solo del manejo del poder burocrático en las universidades públicas –donde clanes políticos regionales han tenido poder histórico–, sino de una plataforma ideológica y electoral poderosa, además de una especie de punto de honor político. El presidente tiene claro el papel de los jóvenes en su elección. Los estudios más serios al respecto muestran que el 64,5 % de los jóvenes entre 18 y 25 votaron por Petro en la segunda vuelta. Entre 2018 y 2022, Petro sumó más de 600.000 nuevos votos de jóvenes de ese mismo rango de edad. La universidad es el principal foro político juvenil y desde ahí vienen los liderazgos en calles y redes.

La derecha también lo sabe y al parecer ha comenzado a ver la universidad privada como la contra necesaria frente al creciente control del gobierno en las públicas. Ya conocieron los métodos de Charlie Kirk en Estados Unidos y parecen dispuestos a replicarlos en Colombia. Los discursos de Kirk –asesinado en septiembre del año pasado en la Universidad de Utah– hablaban siempre de una lucha cultural en las universidades, de un sesgo de izquierda, de un desprecio a las ideas libertarias. La de Kirk fue la historia de un joven sin título universitario que desafió al estamento académico y obtuvo una creciente relevancia política. “No te dejes intoxicar por las universidades, pelea por tus ideas y actúa”, podría ser uno de sus lemas. Noticias falsas, insultos raciales, odio y listas de profesores supuestamente adoctrinadores eran sus métodos.

En Medellín ya hemos visto la intimidación de políticos del Centro Democrático contra profesores y directivos en la Universidad Eafit. La presencia de Sandra Ramírez, desmovilizada y congresista durante ocho años, alentó a la ultra derecha a “recuperar” la universidad. Algunos donantes pusieron sus cheques en vilo y ya comenzaron en redes las listas de profesores “izquierdistas”. Buscan imponer un purismo ideológico. Quieren que la universidad sea su centro de pensamiento partidista. No conciben que quienes tienen ideas políticas distintas pueden participar en la vida universitaria. Y lo más triste es que las directivas han admitido la intimidación, han obedecido, no han tenido el valor para afrontar con ideas a los agitadores ultras.

Así están las universidades, con crisis económicas y de relevancia social, y con sus campus cada vez más dedicados a la agitación partidista.

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