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Capitán cavernícola

Pascual Gaviria

01 de abril de 2026 - 12:05 a. m.
Andrés "el Gury" Rodríguez asegura que la compra de nuevos vehículos reduciría los gastos en mantenimiento y repuestos.
Foto: Concejo de Medellín
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Andrés Felipe Rodríguez, alias El Gury, concejal de Medellín, es el espécimen perfecto para definir la política como una rama de la vileza y la intimidación. No podemos exigirles grandes ideas a los políticos, ni ser ingenuos respecto a sus intenciones, ni mucho menos pretender su bondad y su prudencia. Tampoco esperamos de su parte templanza y razón. Pero al menos tendrían que disimular un poco su agresividad, no exhibir sus cóleras como si fueran grandes doctrinas, no mostrar sus amenazas como argumentos. Dejar la escueta brutalidad para sus horas de ocio y sus diligencias privadas.

Pero El Gury quiere hacernos saber que la política es en realidad matoneo y alardes de violencia. Viéndolo en sus “debates” y declaraciones no puedo dejar de pensar en los boxeadores que se carean de forma teatral en el pesaje antes de los combates. Para el concejal Rodríguez no es suficiente la violencia verbal, los insultos son oratoria innecesaria, de modo que él prefiere la acción. Eligió entonces un bate, adornado con la palabra ‘Diálogo’, como enseña de su inteligente cinismo. Y se ha erigido como el defensor de la ciudad de Medellín, frente a lo que él considera peligros y lacras, luego de sacar 6.000 votos para el Concejo. El Gury es en verdad un usurpador del antiguo ESMAD, la Unidad de Diálogo y Mantenimiento del Orden (UNDMO). Un privatizador de las fuerzas de choque, un copartidario del pistolero caleño Andrés Escobar. Rodríguez es un caso de estudio del político que quiere saltarse los pasos democráticos para llegar directamente a la agresión. No quiere la política y la democracia como un mecanismo de contención ciudadana, una canalización del estado de naturaleza, sino como una herramienta para usar el instinto y la enajenación.

Pero no solo de bate vive el hombre de neardental. Rodríguez ha demostrado ser un edil con todos los fierros. Dos incidentes con sus guardaespaldas dejan bastantes dudas. El concejal es bravero pero siempre lleva un hombre armado a la espalda. En diciembre del año pasado, su conductor mató de un disparo en la cabeza a un presunto ladrón en una licorera en El Poblado. Las versiones a la policía en la noche y a la prensa en la mañana dejaron muchas preguntas como lo demostró una investigación de El Armadillo. Unos meses antes, una investigación de Vorágine dejó en evidencia la contratación de un extraño “gestor comunitario” como parte del equipo del concejal: un exmilitar que andaba de chaleco antibalas, en actitud alerta a su espalda y con permiso vigente para porte de armas. El “gestor” había trabajado meses atrás con una mujer conocida como La Madrina, capturada por secuestro extorsivo en mayo del 2025.

Pero ahí no quedan las señales particulares de alias El Gury, alborotador amateur y fanfarrón profesional. Revisando la página de consulta de procesos de la Rama Judicial, hay tres largas páginas con su nombre. En al menos 27 procesos aparece como demandado o denunciado. Tiene causas por restitución de un vehículo por falta de pago a Bancolombia, múltiples pleitos laborales por no reconocimiento de derechos a trabajadores, tutelas variadas por casos similares y tres procesos penales precluidos o cerrados por decisión de la Fiscalía. Procesos por tráfico de estupefacientes y otras infracciones de 2009 y 2010, y un proceso por violencia contra servidor público (no se habla del bate) en el año 2016.

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El Gury usa su silueta con una máscara de Batman y el bate en la mano en sus stickers de respuesta a periodistas. Un chiste para mostrar su lado caricaturesco. Tal vez haya algo detrás de esas posturas de luchador libre, de esa política de máscara contra cabellera. Quien tanto levanta un bate termina ponchado tarde que temprano.

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