Las consultas del próximo 8 de marzo muestran un panorama deprimente. En el tarjetón de los tres grupos no está ninguno de los candidatos que puntean en las encuestas, ninguno de los partidos tradicionales y el presidente, jefe de combate en estas elecciones, ha instruido a sus seguidores para que no pidan ese papel con 16 caras. Las consultas son entonces improbables tablas de salvación antes del ahogo definitivo, apuestas desesperadas, papeles secundarios.
En las últimas dos presidenciales, el ganador estuvo en el tarjetón de las consultas: en 2018, Duque sumó más de cuatro millones de votos ganándole a Martaa Lucía Ramírez, y en 2022 Petro logró cuatro millones y medio de votos y consolidó la fuerza de su candidatura con la sorpresa de los casi 800 mil votos de Francia Márquez. Además, hace cuatro años las consultas marcaron la inviabilidad de la candidatura de Fajardo luego del hundimiento del Centro Esperanza, lograron que Fico sepultara a Óscar Iván bajo sus dos millones de votos que sumaban cuatro si se recogían los de sus compañeros de consulta.
La vuelta cero, además de impulsar las listas de Congreso, casi dejaron listo el tarjetón de la segunda vuelta. Rodolfo, el renegado del momento, rompió la regla para no untarse de los políticos y jugar con los insultos a diestra y siniestra. Mientras todos competían, él despotricaba. Filtro, consolidación, roles individuales en las coaliciones partidistas y unidad entre alternativas heterogéneas fueron los fines que desaparecieron en las consultas de este año.
Abelardo decidió seguir la ruta de RH, en parte por rechazo de quienes habían hecho la fila en el CD y en parte por una voluntad alentada por encuestas. Al contrario de Rodolfo, ha dejado los insultos y amenazas solo para la izquierda y le guiña a lo que se mueva con su aire zalamero. Cepeda quedó por fuera por una decisión que en el fondo pareció alegrarlo, desde la consulta de octubre sabía que muy seguramente tendría que saltar hasta mayo. Su votación lo dejó tranquilo para esas cantadas “vacaciones”. Fajardo ha preferido siempre la resta a la suma y unos números llamativos hace meses lo convencieron de acudir directo a su cuarta primera vuelta. De modo que tenemos a Claudia López y su amigo imaginario, a Roy probando su maquinita frente a tres extras y frente a Danil Quintero, que se lanzó para enmarcar el tarjetón. Roy no puede conspirar en el vacío. Y tenemos a Paloma para la dura labor de demostrar que el Centro Democrático puede volver a tener candidato viable y no es la punta de lanza de Abelardo. Los demás corren por deporte, exhiben la garra de los partidos amistosos.
No parece que las consultas puedan tener la fuerza suficiente para mover las piezas que han ido fijando las pocas encuestas y mucho menos arrastrar listas para Congreso donde no tienen representación. Hace ocho años, las consultas sumaron nueve millones y medio de votos, el 53 % de la participación de las elecciones de congreso. Hace cuatro fueron más de doce millones, el 68 % de quienes fueron a votar ese día pidieron tarjetón de consulta. Paradójicamente, el año de la gran dispersión de candidatos las consultas perdieron su función primordial. El ejercicio temprano del Pacto, la espera estratégica de los partidos y la aparición de Abelardo enfriaron la campaña y nos pusieron en lo que parece una muy temprana segunda vuelta cantada ¿Pasamos del calentamiento a la definición a penales?
Estamos condenados a la pasma estratégica de Cepeda, candidato en pausa; la estridencia de Abelardo, candidato en cámara rápida; la inundación retórica de Petro, presidente de pancarta y megáfono; los intentos de un Uribe afónico que busca volver a tener voz de mando y rienda templada a un posible finalista. Al menos estamos a cuatro meses del Mundial.