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Rabo de ají

La secta milagro

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Pascual Gaviria
05 de agosto de 2026 - 05:05 a. m.
La secta milagro
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Fue revelador ver al futuro gabinete presidencial prosternado en pleno ante los sermones de un cura, el poder de la Biblia y la oración colectiva. También fue trastornador por lo patético de la escena. Ver desde afuera de la fe a una feligresía ejerciendo los ritos de su credo es siempre una experiencia extraña. Causa curiosidad, inquietud, emoción… temor, incluso. Pero ver a los más altos funcionarios públicos, en vísperas de su posesión, en un rapto religioso, invocando su dios, diciendo que lo ponen por encima de todo en sus decisiones, sentados frente a la Biblia con un corazón encarnado sobre el mapa del país fue una señal de alarma.

‘Patria milagro’ llama el presidente electo su propósito. El ministro del Interior habla de cruzada cuando se refiere a las tareas por venir. La ministra de Cultura dice que es imposible gobernar sin la biblia copiando una frase espuria de George Washington. La ministra de Educación llegó al Congreso por primera vez por un partido cristiano y ha mostrado posturas contra derechos constitucionales que contradicen su fe. El ministro de Vivienda es el líder de la iglesia cristiana Camino a la Libertad. El vicepresidente es servidor de la comunidad católica Emaús y consejero espiritual de matrimonios en crisis.

De modo que ese “retiro espiritual” tiene deja más que la propaganda del olor a santidad que entre nosotros se asocia con esas posturas de oración. Es también una amenaza al estado laico que trajo la Constitución del 91 para acabar con el país del Sagrado Corazón. Al aire de secta que dejó el gobierno milagro se le pueden señalar un rosario de riesgos: lo primero, la condición de unanimidad que contradice la posibilidad de un gobierno plural. Una congregación tendrá siempre un carácter reverencial frente al líder y unas prohibiciones categóricas al criterio propio de sus condiscípulos ¿Puede eso contradecir la ley de libertad de cultos que protege el derecho a acceder a cargos públicos sin importar motivos religiosos?

La tentación evangelizadora es otro riesgo de esa patria confesional que al parecer se viene. El primer fallo de la Corte Constitucional sobre libertad religiosa impidió a un ciudadano del municipio de Barbosa, Santander, mortificar a sus vecinos con un parlante que transmitía todos los días sermones evangélicos desde la ventana de su casa. Su libertad religiosa no se podía ejercer con el adoctrinamiento obligado al vecindario. Es difícil que el fervor religioso no devenga en sermón y prédica. Y el ejercicio del poder terreno alimenta esas ansias de catequizar.

Los fallos de la Corte han sido reiterados en decir que el Estado no debe identificarse con una iglesia o religión y que los funcionarios no deben realizar actos oficiales de adhesión, así sean simbólicos, y mucho menos declarar preferencia de una religión sobre otras.

Las decisiones de la Corte sobre esos comportamientos han sido precisas. Durante la pandemia, la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez publicó un mensaje en su cuenta de X: “Hoy consagramos nuestro país a nuestra señora de Fátima elevando plegarias por Colombia para que nos ayude a frenar el avance de esta pandemia y que Dios mitigue…”. En un fallo de tutela, la Corte dijo que “los altos funcionarios del Estado, además de las restricciones propias que tiene un particular en el ejercicio de este derecho, deben actuar con especial prudencia cuando se trata de asuntos que involucran cuestiones religiosas”. Y exigió una especial diligencia para evitar lesionar la neutralidad del Estado y los derechos de los ciudadanos. El trino salvador fue borrado y la Corte previno a la vicepresidenta para que dejara de vincular sus creencias con la institución que representaba.

Hay que exigir desde ya que el gobierno rece, cante y toque la pandereta de puertas para adentro, para que las ventanas blindadas que donaron los hermanos Daes nos protejan de sus sermones y sus jaculatorias.

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