Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
El Pacto Histórico mostró cohesión, disciplina, emoción, maquinaria. En las elecciones para Senado creció en los lugares más inusitados y en las plazas donde es fortín, por igual donde es anatema y milagro. En Salgar, por ejemplo, la cuna de Álvaro Uribe, pasó de 66 a 150 votos. En El Retiro, el municipio más uribista de Antioquia, dobló y algo más el número de sus votantes y fue la segunda fuerza política. En Tierralta, Córdoba, plaza de viejas luchas, donde Uribe es patrón y el gobernador Erasmo Zuleta jefe, casi multiplicó sus votos por tres. En Yarumal, tierra proscrita, apenas pasó de quinientos hace cuatro años y ahora contó mil doscientos. Y así podríamos seguir por Caucasia, Puerto Boyacá y otros municipios donde el Pacto Histórico no las tiene todas consigo. Es más, en un departamento como Casanare, creció el 27 % mientras el Centro Democrático perdió mil voticos.
Si queremos mirar menos la minucia simbólica y más el mapa donde se suman las grandes cifras, también el Pacto muestra la diversidad de sus triunfos. En Bogotá, su casa, parecía difícil crecer, sobre todo cuando hace un año se sentía cierto inconformismo con el gobierno. Fue el momento cuando se habló de los arrepentidos. Pues subió casi el 2 % del total de participación y sumó 114.000 votos. En Antioquia el Pacto sacó 180.000 votos más que en el 2022 para su lista cerrada al Senado, lo que significa llegar al 16 % de los votos en el departamento y doblar su porcentaje de hace cuatro años. Es cierto que en Antioquia y Bogotá el Centro Democrático también tuvo un importante crecimiento, tuvo más de 600.000 votos nuevos, pero ahí se concentró la mayoría de su aumento.
En la Costa Atlántica las cosas fueron aún más sorprendentes. Históricamente la maquinaria tradicional ponía las reglas. Era la única región donde las legislativas tenían más participación que las presidenciales. Siempre había más incentivos “mochileros”. El Pacto ya tenía fuerza, pero iba detrás. Pues en la Costa Atlántica encontró 413.000 votos nuevos para Senado. Logró ser primero en el Atlántico y segundo en Bolívar, Magdalena y Cesar. En Sucre, donde era inexistente, triplicó sus votos. Mientras tanto, el Centro Democrático, que ya era anémico en la región, perdió participación en todos los departamentos. El gobierno supo añadir un nicho de maquinaria al entusiasmo del cambio. El aprendizaje es una obligación de los partidos, no de los gobernantes.
En el Pacífico, donde parecía era imposible romper el techo de supremacía en 2022, obtuvo 334.00 votos adicionales. En el Cauca, sumó el 44 % de los votos y en Nariño pasó del 18 al 30 %. Donde usted señale el mapa encontrara más votos para el Pacto. Lo mismo pasa en Cundinamarca y Boyacá. La diversidad de su crecimiento marca una tendencia difícil de encontrar.
El discurso del cambio sobrevivió a los evidentes fracasos del gobierno en varias de sus promesas más cacareadas. Muchos electores parecen darle una segunda oportunidad sobre la tierra al partido del “último Aureliano”. Relato mata dato.
Para las presidenciales es seguro que sumará mucha maquinaria Verde y Liberal. Y algunos conservadores de puestos. A los cuatro millones y medio que Cepeda tiene en el bolsillo, los votos de Senado del Pacto, hay que sumarle al menos un millón más que ya está filado. Iván Cepeda sigue encabezando sin despeinarse, sin dar un paso, con el tono calmo y solemne del elegido. Los rivales al interior dejaron de existir, el competidor más fuerte en las encuestas no subió al escenario en el primer careo de realidad, los dos representantes del Centro salieron debilitados, una por su consulta en solitario y el otro por su aire de soledad. Ahora Cepeda mira a Paloma, que tiene antes un duelo con Abelardo. El candidato del Pacto sigue celebrando en vacaciones.
