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Operación abeja

Pascual Gaviria

22 de julio de 2026 - 12:05 a. m.
Foto: . Mheo
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El expresidente Uribe ha emprendido una batalla en la que ya conoció la derrota. A finales de 2012, Uribe acudió a la asamblea general del partido de La U en Bogotá. La distancia con el gobierno de Juan Manuel Santos ya era definitiva y Uribe hacía un último intento por recuperar la plataforma política nacida en 2005 para apoyar su reelección. Santos dijo luego en un libro que La U nunca se hizo a la medida de Uribe y que, incluso en su momento, el presidente no se entusiasmó con la idea. Pero la letra U era más que un asunto “subliminal” como se dijo en esos años y el partido resultó ser una muy exitosa manera de drenar por la derecha al partido Liberal y al partido Conservador. Con esa franquicia se eligió Santos y su bancada de 2010 con 28 senadores y 48 representantes. La lista obtuvo 500 mil votos más que los conservadores y un millón más que los liberales.

El último esfuerzo de Uribe fracasó de manera estruendosa. En su discurso criticó el proceso de paz y el abandono de la seguridad democrática, señaló el exceso del gasto público y la burocratización de un gobierno derrochón. Santos cerró el evento hablándole a los congresistas, resaltando conquistas sociales, el índice de miseria más bajo en la historia, y prometió estabilidad y representatividad. El saludo fue uno de esos golpes blandos de Santos: “Yo no vengo a un pugilato... Yo no vengo aquí como rufián de esquina, ni vengo aquí con resentimientos, odios o rencores”.

Fue nocaut para el expresidente que solo tenía “tres huevitos”, mientras que el gobierno, según las palabras del ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverry, ofrecía “la mermelada a repartir en toda la tostada nacional”. Solo cinco senadores se apartaron de Santos para sumarse al “uribismo puro”. En la Cámara, la totalidad de los representantes se pararon bajo el toldo del gobierno. Roy Barreras, Armando Benedetti y Aurelio Iragorri fueron los nombres clave en la despedida a Uribe. Traición, según el sentir del expresidente. Desde afuera del partido participó Juan Fernando Cristo con la llamada Mesa de Unidad Nacional. La U era ahora un partido de centro, lo que se ha llamado “conservadores pero de puestos”. Uribe tuvo que llamar a José Obdulio para crear el Centro Democrático camino a las elecciones de 2014, donde obtuvo 20 senadores, apenas uno menos que La U. El expresidente es buen rebuscador.

Ahora se viene una nueva embestida de un presidente contra el partido de Uribe. Las circunstancias son distintas, pero la dura realidad puede llevar al mismo resultado. A diferencia de La U, el Centro Democrático es una criatura pensada y creada por Uribe, con bases ideológicas más claras, no una colcha de retazos de conversos y oportunistas. Abelardo tendrá que luchar desde afuera, no endulzar desde adentro como hizo Santos, quien era creador de La U y sonsacaba desde el timón. Pero la burocracia y la gracia del gobierno pesan. Además, Uribe no tiene el fuelle de 2014 y Abelardo no tiene, por ahora, un pecado capital como el proceso de paz. También es más fácil para la gente del CD correrse un poco más a la derecha que girar hacia el centro, como hicieron los congresistas de La U en su momento. Sería una traición personal, mas no ideológica.

La historia reciente parece mostrar que Uribe tendrá difícil la subsistencia de su panal de abejas. Por su parte, Abelardo se arriesga a tener un inicio con el freno de emergencia en la mayor bancada de gobierno. Insultó durante toda la campaña a los partidos tradicionales y tiene obligación de resarcirse mientras pelea con el CD, quien parecía su incondicional. En el camino se arreglan las cargas, veremos lo que le queda a Uribe de baquiano y lo que tiene Abelardo en los bebederos. Mientras tanto, el Pacto mira con el filo de la espada.

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