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Una muy vaga oposición

23 de septiembre de 2026 - 12:05 a. m.

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La réplica del expresidente Petro a una alocución presidencial, perdido en el aeropuerto de Bruselas, mostrando lo inexistente y hablando en ese yo endémico que no lo abandona, sirvió como descripción descarnada del momento de la oposición en Colombia. El Pacto Histórico fue el partido más votado en las elecciones legislativas hace apenas seis meses y su candidato presidencial perdió por el 0,9 % de los votos. Mientras tanto, Abelardo de la Espriella gobierna con la sobradez y el aire unánime de un dictador como Bukele. El presidente notó el vacío y logró, en mes y medio, convertir el “empate técnico” en goleada política.

La izquierda no se repone del golpe. Cepeda abdicó del papel indispensable que le dejó la derrota y prefirió volver al butaco de siempre. El respeto al yo supremo de Petro impidió la presencia de una voz desde el escenario natural de la oposición. Por lo menos deberían entender que el culto a la personalidad a un presidente es normal, una obnubilación clásica, pero el culto a la personalidad a un expresidente es una alucinación que amerita tratamiento. Gustavo Petro celebra, en su adolescencia tardía, que conoció a Manu Chao y exhibe como un logro inaudito que lo saludan de mano en el Parlamento Europeo y que un taxista en Bogotá tiene una foto suya en el vidrio de atrás, al lado de la obligatoria de un Cristo cabizbajo.

Las noticias en la bancada mayoritaria son investigaciones a algunos congresistas (Flórez y Rasero), silencio de Carolina Corcho, número uno de la lista, que no tiene ese mismo lugar en los afectos del movimiento, payasadas en una moción de censura y recriminaciones en medio de la expectativa por la candidatura en Bogotá, uno de los único escenarios prometedores para octubre del 2027. El Pacto parece hoy en la irrelevancia de Rodolfo y Marelen luego de las presidenciales de 2022. Petro trinó hace poco que una filósofa y activista argentina había dicho que él desapareció como hombre y se convirtió en fuerza histórica y sentimiento popular. Por ese camino también puede convertir al Pacto en una criatura mítica. Incluso la carta callejera, la toma tan anunciada, ha terminado en espejismo. Olvidan que una buena parte del voto de Cepeda no fue siguiendo a Petro, sino a pesar de Petro.

Hay una paradoja para la oposición colombiana respecto a otros países en América Latina donde ganó una derecha calcada por Abelardo. En Chile, Kast le sacó 16 puntos a Jeannette Jara en la segunda vuelta, y Milei logró una ventaja de 11 puntos frente a la fórmula Massa-Rossi. Pese a esas amplias victorias, la oposición el Congreso es dura: voto a voto y negociada con el poder regional en el caso de Milei, donde ha logrado detener consignas claves del gobierno, y pareja en el caso de Kast, donde izquierda y centro izquierda tienen cerca de la mitad de las bancas. Los votos de independientes y el centro marcarán las posibilidades más extremas de Kast.

La izquierda en ese guayabo nebuloso de Petro y el apetito de los tradicionales, los siempre dispuestos al gobierno de los nunca, han convertido al Centro Democrático en una sombra para Abelardo, una barrera invisible, un amigo agazapado. Enrique Gómez llama socialista a Uribe y José Félix Lafaurie dice que la derecha de Uribe ya no sabe a nada. Ese partido insípido ha tomado sustancia y podrá ejercer una defensa constitucional frente a los arrebatos que De la Espriella insinúa. Eso haría encarecer el voto de los tradicionales. La izquierda parece por ahora sin poder para golpear al gobierno, es posible que en estos primeros asaltos todo el combate se perfile por la derecha. Es sin duda una esperanza endeble, pero al parecer no queda otra.

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