El presidente Petro y el pleno del Pacto Histórico han insistido en la necesidad de “tomarse” el Congreso, lograr mayorías holgadas para hacer las reformas urgentes que el “establecimiento” no ha permitido. Petro incluso ha insinuado una y mil veces que su elección es mandato suficiente para dar órdenes al Congreso. Alguien debió decirle, y se lo creyó, que la silla de la Casa de Nariño sumaba diez curules. La frustración presidencial por las derrotas en el Legislativo llevó al discurso del “golpe blando” y la “constituyente”. El presidente, quien creyera, parece añorar la curul que ocupó en el Senado por más de una década. Su fetichismo legal, muy santanderista, lo hace creer en la sanción presidencial como principal logro del Ejecutivo. También los triunfos políticos en el Congreso lo embelesan, el pulso por la reforma a la salud lo demostró, ganar en plenaria sin importar qué pasa en los hospitales. Además de su afición por los simbolismos, una ley “progresista” así sea para enmarcar.
De otro lado la oposición ha dicho que el Congreso fue una barrera efectiva para las reformas dudosas, los arrebatos autocráticos y el equilibrio en Cortes y órganos de control. Las encuestas sobre favorabilidad del Legislativo lo siguen ubicando muy abajo entre las instituciones colombianas, pero ha llegado al 29 % en este cuatrenio. Cifra que no se veía desde finales del primer gobierno de Santos. Cuando aprobó la reelección, en tiempos de Uribe, llegó a tener el 54 % de favorabilidad.
La votación para Congreso ha crecido en las dos últimas elecciones, lo que puede indicar mayor conciencia de su importancia o una mayor eficiencia del clientelismo, o ambas. Pero no parece fácil seguir creciendo. Se pasó de un promedio de 42 % en 2002 al 48 % en el 2022.
El gobierno tiene su mayor fortín en Bogotá, ahí está su gran reto teniendo en cuenta que su candidato a la alcaldía fue tercero en las elecciones y que sostener una votación del 30 % del total al Congreso, sin Petro en consultas, asusta a cualquiera. La consulta del Pacto sacó casi 1’200.000 votos hace cuatro años y ahora no estarán Petro y Francia en la foto que jaló mucho en 2022. La vicepresidente sacó 230.000 votos en la capital en la consulta del Pacto.
En la Costa Atlántica, donde Petro barrió en primera y segunda vuelta, las cosas son más difíciles en el Congreso. La clientela tiene todo el peso. Es en la única zona del país donde vota más gente en las legislativas que en las presidenciales. Las microempresas electorales aceitan para lo propio. En todos los departamentos de la Costa Atlántica los partidos tradicionales fueran ganadores. En el Atlántico, por ejemplo, Petro sacó 54 % en primera vuelta y el Pacto 11 % en las elecciones para Senado.
En Antioquia la pregunta es qué dejó la herencia negra de Quintero. En el gran fortín uribista Petro tuvo resultados sorprendentes hace cuatro años. El 25 % de los votantes de consulta marcaron el tarjetón del Pacto Histórico. Francia Márquez sacó más votos que Fajardo en Medellín y su consulta sacó 160.000 votos más que la consulta Centro Esperanza. Las listas del Pacto lograron el 8 % de los votos al Congreso y doblaron a La U y Cambio Radical.
En el Valle las listas del progresismo ganaron de largo con el 23 %. Ese podría ser el techo teniendo en cuenta la clientela fija de La U y la dispersión en las demás opciones. Tampoco se ven muchas posibilidades de sumar más.
Veremos si el discurso del presidente para tener un Congreso con mayorías, sumado a su repunte de popularidad, puede significar nuevas curules. Un aumento en la participación en la zona rural podría ser la carta del Pacto. También podrá mostrar que supo incorporar clientelas con la ayuda de Benedetti y fichas de los partidos tradicionales que han acompañado al gobierno. La nómina tiene que servir. Veremos si al presidente se le cumple el sueño de dirigir al Congreso desde la silla de expresidente, a la usanza de Uribe recién salido en 2010.