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Rabo de ají

Terremoto político

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Pascual Gaviria
12 de agosto de 2026 - 05:05 a. m.
“Recordamos la portada de 'Semana' luego de un año de Duque: Año de aprendizaje. Abelardo no tuvo ni una semana”: Pascual Gaviria
“Recordamos la portada de 'Semana' luego de un año de Duque: Año de aprendizaje. Abelardo no tuvo ni una semana”: Pascual Gaviria
Foto: Presidencia de la República
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No seremos mejores ante la tragedia, la pandemia lo dejó claro. Fuimos más emocionales al comienzo, más solidarios, más dados a la comprensión y la compasión. Pero más temprano que tarde, las carencias, el dolor, la incertidumbre trocaron esas emociones por la frustración, la rabia, la apatía. Es imposible que la atención gubernamental de las grandes tragedias no se convierta en un pulso político. Los llamados a la unión y la fraternidad duran lo mismo que las sirenas de emergencia. La sociedad se seca las lágrimas y vuelve al combate. Los gobiernos lo tienen claro y gestionan a la vez que montan la escena. La oposición se muestra compasiva y propone, pero también debe comparar, señalar, sabotear el discurso benefactor y eficiente del gobierno. Todo eso se revuelve en la licuadora de las redes y el resultado es impredecible.

El gobierno de Abelardo de la Espriella no tuvo tiempo para la adaptación. Sin abrir un cajón, cuando todavía estaba en los actos de taumaturgia de la posesión, debe enfrentar los efectos de un terremoto en varias capitales del país, muchas hostiles a su figura y sus políticas. Todos recordamos la famosa portada de Semana luego de 365 días del gobierno Duque: Año de aprendizaje. Abelardo no tuvo ni una semana. Se viene un primer reto que marcará su gobierno para bien o para mal. Todo lo que haga o deje de hacer será amplificado por la angustia, por la importancia de la primera impresión, por el nivel de escrutinio, por la responsabilidad frente a los miles de dramas humanos que veremos día a día.

Un terremoto en 1972 socavó con la dictadura de Somoza en Nicaragua. El régimen terminó con las ayudas internacionales en sus bolsillos y los empresarios que todavía lo soportaban lo repudiaron. Una oposición en pleno hizo inevitable el triunfo de la Revolución Sandinista. En México también se señala la gestión del terremoto de 1985 por el presidente Miguel de la Madrid como una herida definitiva para el PRI. El Katrina manchó para siempre la gestión de George W. Bush, que solo unos meses antes era considerado un héroe por hacer frente al 11S. “Así como Katrina fue más que un huracán, su impacto fue más que la destrucción física. Erosionó la confianza de los ciudadanos en el gobierno. Exacerbó las divisiones en nuestra sociedad y política. Y arrojó una nube sobre mi segundo mandato”, escribió Bush años después sobre lo que dijo fueron los peores días de su vida pública. En Venezuela, Delcy debió fingir el control y al mismo tiempo entregar la logística a los gringos. El terremoto dio más poder a los militares y al imperio y dejó al gobierno más pequeño aún.

El nuevo gobierno tiene la oportunidad de una inesperada tregua política que le puede servir en el Congreso, pero que en las redes y la opinión pública será muy corta. Tiene también la opción de mostrar una reacción rápida que supondría una diferencia clave frente al caótico ambiente del gobierno Petro. Pero la puesta en escena que se viene tiene los riesgos de revelarse falsa en una situación tan compleja y dejar muy pronto en evidencia a un gobierno hecho de pantallas LED.

Luego del terremoto de 1999 en el Eje Cafetero, el gobierno de Pastrana armó un esquema que, en términos generales, dejó un balance positivo. El FOREC (Fondo para la Recuperación Económica y Social del Eje Cafetero) impuso una dura obligación al gobierno que no cumplía seis meses. Organizaciones sociales, descentralización, sector privado, Federación Nacional de Cafeteros y una organización pública paralela dieron resultados prontos y efectivos. Con sombras, por supuesto, pero con unas maneras y tiempos irreconocibles para nuestras instituciones públicas.

Abelardo quería gobernar en las regiones, comenzar pronto y mostrarse indomable. Ánimo, las placas tectónicas le cogieron la caña.

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