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La dedicatoria de la fotografía que muestra en la Casa Blanca, sonrientes, saludándose de mano y posando para la foto, con trofeos en oro colocados detrás sobre un muro de piedra en el que descansa una pared con cuadros tal vez de próceres, enmarcados también en oro, resume, de puño y letra del presidente gringo, el milagro que ocurrió este martes en Washington:
“Gustavo”, le dice el presidente de Estados Unidos al presidente Petro en la dedicatoria que acompaña la foto, “Un gran honor – Yo amo a Colombia”, y firma, Donald Trump. Así, pues, el temido presidente de la primera potencia del mundo que, hasta hace muy poco, no bajaba a Petro de “líder del narcotráfico”, “distribuidor de drogas ilegales”, “lunático” etc., y lo amenazaba con emprender acciones contra Colombia si no combatía adecuadamente el narcotráfico, ahora parecía ser su nuevo mejor amigo, hasta el punto de que antes de despedirse, Trump le dijo: “Gustavo, I like you” [“Gustavo, usted me gusta”], nada menos. Y en declaraciones que dio pasada la reunión, llegó a decir, a propósito del encuentro, “It was terrific!”.
Oh, my goodness! Inimaginable. Esos son los milagros que produce la comunicación directa, franca, sin distorsiones, sin dobleces y sin intermediarios. En todas las circunstancias de la vida hay que hablar claro y, así, las cosas fluyen y los conflictos empiezan a solucionarse.
Ahora, hay que decir que, evidentemente, el lobby que miembros de la oposición hicieron en contra de Petro en Washington –a donde iban y venían con epítetos a cual más de negativos contra el presidente colombiano– fue muy dañino para su imagen y la del país, hasta el punto de que Trump, en algún momento, no descartó emprender acciones directas contra el narcotráfico en Colombia.
Por fortuna, las relaciones entre Estados Unidos y Colombia, que son vitales para ambos países, entraron en vías de franca recuperación. Y, para ser justos, hay que decir que el presidente Petro se lució, y que estuvo brillante, prudente, amable, franco y dejó claros sus puntos de vista, sin ceder en sus principios, tanto en la entrevista que le concedió a Julio Sánchez Cristo como en la rueda de prensa que dio en Washington a los medios internacionales.
Pero, definitivamente, quien fue el artífice de este milagroso encuentro entre Trump y Petro, fue Daniel García-Peña, el embajador de Colombia en Washington que, como una hormiguita silenciosa, junto a su equipo, a punta de buena diplomacia, logró semejante hazaña.
De modo que invito a que les demos aplausos de pie a Petro, a García-Peña y a Trump. Los tres se los merecen. Los tres le dieron una lección al mundo de cómo los conflictos se pueden arreglar mediante el diálogo, y de cómo conversando se logra detener las guerras.
¡Bravo, señores!
No hay derecho a que, a estas alturas de la vida, a menos de 48 horas de que venciera el plazo para definir el tema de los nombres de los participantes en las consultas interpartidistas, el Consejo Nacional Electoral, a través de un tal conjuez, hubiera decidido excluir de la consulta del Pacto por la Vida al candidato de la izquierda, Iván Cepeda, quien, según las encuestas, hoy es el que tiene más opción para llegar a la Presidencia de la República. Al paso que van, a punta de cometer sandeces, tanto los unos como los otros –candidatos del centro incluidos– van a acabar logrando, probablemente, que Iván Cepeda gane en la primera vuelta.
