Estas elecciones nos dejaron dos buenas noticias: la primera, que nuestro sistema electoral funciona. Y la segunda, que sin importar quién sea el próximo presidente, tendrá que llegar a consensos para gobernar, es decir, que ni la derecha de Paloma (porque la extrema de De la Espriella parece historia del pasado), ni la izquierda de Iván podrán gobernar a su antojo: tendrán que ceder, concertar y buscar aliados. Pero sus aliados no serán áulicos. Serán, probablemente y ojalá, compañeros de viaje que buscan construir una Colombia mejor, más equitativa, más próspera; una Colombia en paz, sin estigmatizaciones ni extremismos; una Colombia moderna en la que quepamos todos; un país que no permanezca atrapado en marcos mentales del pasado, que crezca con mayor igualdad y más eficiencia, que dialogue, que concerte, que consiga mirarse a los ojos para llegar al punto en que los unos confiemos en los otros, en que no nos veamos como enemigos, y en que todos y todas, de la mano, seamos capaces de establecer metas a largo plazo que beneficien a la mayoría y permitan dar un salto adelante con equidad, progreso y respeto a los derechos humanos.
Ahora les voy a explicar de dónde proviene mi optimismo, no sin antes decir que el presidente Petro y el expresidente Uribe siguen siendo, sin duda, los principales líderes políticos del país.
Miremos el tablero: nadie, ningún líder ni partido, solo, tiene la mayoría en el Congreso: el Pacto Histórico, con 25 senadores, y el liderazgo de Iván Cepeda, se consolidó como la primera fuerza política, por lo cual merecen una felicitación efusiva. A partir de la experiencia, se sabe que el Pacto ha conseguido que voten con él 19 senadores elegidos en listas de otros partidos. Pero para sacar adelante cualquier ley, se necesitan 52 votos. Así que, mínimo, le faltan ocho voticos que tendrán que concertar con el centro. Y si quieren que se apruebe cualquier reforma constitucional, tendrán que concertar mucho más. Y el Centro Democrático, con 17 senadores y el liderazgo de Uribe quedó, definitivamente, como segundo partido del país, resultado que no debe tener contento al expresidente. Así que Paloma, si es elegida presidenta, tendrá que concertar y acercarse mucho más al centro.
En la Cámara el panorama es parecido: el Pacto obtuvo 39 curules y el Centro Democrático, 29. Pero al Partido Liberal no le fue tan mal: quedó como tercera fuerza (eso sí, muy lejos de ser el “Gran Partido Liberal” de antes), con 13 senadores y 29 representantes (empatado en Cámara con el Centro Democrático). Y al Partido Verde le fue regularcito: dividido en distintas corrientes ideológicas, dejó de brillar como la fuerza en ascenso: en el Senado obtuvo 11 curules en alianza con los partidos ASI y En Marcha, y en la Cámara sacó nueve representantes.
Muy tristes, sí, las derrotas de la senadora Angélica Lozano y de la cabeza de lista de los Verdes, el exalcalde Lucho Garzón. Sus voces hubieran brillado en el Senado y hubieran aportado capacidad de llegar a consensos.
Triste, también, que el partido Comunes no hubiera sacado una sola curul.
Para terminar, le envío un abrazo de felicitación a Juan Daniel Oviedo: su actitud valiente frente a la estigmatización lo catapultó.
Ahora, marchemos hacia la primera vuelta: comenzó la campaña. Se aproxima, ya, el momento de la verdad.
Nota: al miércoles, al cierre de esta columna, continuaba el escrutinio: las cifras pueden cambiar.