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Carlos Vives, con lo mejor de sí mismo

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Patricia Lara Salive
30 de octubre de 2009 - 04:21 a. m.
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CARLOS VIVES ACABA DE PRODUCIR su mejor disco…

Si Ud. escucha Clásicos de la Provincia II y, como yo, conoció a la Santa Marta de los años 60; y bailó en la Gaira de playa brillante que comenzaba en la casa de los Bohórquez y terminaba en un rodadero de arena blanca y abundante; si Ud., como yo, recuerda El Rodadero con sólo tres edificios de no más de cuatro pisos, iluminado en las noches por un cielo tapizado de estrellas a las que no opacaban las luces de neón; si Ud. bailó también en la playa de noches de luna, alrededor de una fogata amenizada por algún conjunto que interpretaba los nuevos vallenatos; si Ud., como yo, aprendió a vivir y a amar en el Caribe, entonces, cuando oiga Clásicos de la Provincia II, con sus primeras notas de acordeón y su anuncio de “bueno, y aquí estamos de nuevo”, seguido por el Pollo Vallenato de Luis Enrique Martínez, empezará a bailar; y continuará moviéndose al ritmo del Sí, sí, sí de Juancho Polo Valencia. Pero al escuchar la guitarra eléctrica que le da paso al acordeón y a la voz de Carlos Vives interpretando Sin ti, de Náfer Durán, empezará a llorar… Y a su nostalgia la acompañará una sonrisa cuando irrumpan la guitarra eléctrica y la voz de Vives entonando Las Mujeres de Carlos Huertas… Pero al oír la guitarra y los chelos que le dan aire de sinfonía a Momentos de Amor, de Fernando Meneses, Ud. irrumpirá en un llanto lento que continuará mientras escucha Confidencias de Gustavo Gutiérrez y su “bésame todos los días, hasta la hora de la muerte, y más allá de la muerte, no me olvides mía”. Después se borrarán sus lágrimas y se lanzará cual pirinola al ritmo de El Contrabandista de Sergio Moya Molina; y volverá a acordarse de su juventud cuando suene Frente a mí de Octavio Daza; y cimbrará sus hombros al ritmo de La Parrandita de Leandro Díaz; y percibirá la ternura de Carlos interpretando La Bogotana de Rafael Sánchez y gritando “para Helena, la cachaquita que me tiene loco”, en honor a su niña de año y medio, quien se llama como la abuela paterna; y al oír la guitarra y la voz de Vives cantando Mujer Conforme, de Máximo Mobil, bailará y pensará en nuestros campesinos pobres pero llenos de amor; y al percibir la guitarra eléctrica y las gaitas haciendo sonar La Colegiala de Julio de La Ossa volverá a bailar; y cuando escuche el sonido eléctrico de la guitarra seguido por el acordeón y la voz de Carlos que advierte que al “hombre que trabaja y bebe, déjenlo gozar la vida, porque eso es lo que se lleva, si tarde o temprano muere”, en su interpretación de la Caja Negra de Rafael Valencia, sentirá su vida vuelta añicos de recuerdos; y al oír la guitarra y la guacharaca y a Vives entonando La Muchachita de Alejo Durán, se meneará al ritmo de la nostalgia y de las gaitas; y, finalmente, cuando escuche Noches sin Luces de Rosendo Romero, Ud. pegará un grito de nostalgia y bailará y cantará con Carlos Vives: “Quiero morirme como mueren los inviernos, bajo el silencio de una noche veraniega, quiero morirme como se muere mi pueblo, serenamente sin quejarme de esta pena, quiero el sepulcro de una noche sin luceros, luego resucitar, para una luna parrandera”.

Sí, cuando compre este disco de Carlos Vives, que en un mes lleva más de 200.000 copias vendidas, pensará que este juglar, de quien es imposible no enamorarse, acaba de regalarnos lo mejor de sí mismo, de su música, de su pueblo, y nos ha hecho juntar esos cortos momentos que, unidos, conforman lo bonito de la vida.

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