Genera esperanza ver la foto de los empresarios más ricos del país en Quibdó, aplaudiendo de pie junto al presidente Abelardo de la Espriella. Fue tomada luego de que se comprometieran a apoyar al Chocó y a invertir billones de pesos en una especie de “Plan Marshall” para sacar del subdesarrollo a ese precioso departamento sumido en una pobreza extrema que, como si fuera poca, se multiplicó a raíz del devastador terremoto ocurrido hace un mes.
Es evidente que la cooperación entre el gobierno y el sector privado es indispensable para que el país avance. Y ese fue uno de los grandes errores del expresidente Petro: maltratar e insultar a los empresarios, en lugar de llevarlos con convicción a trabajar de su mano para que invirtieran en proyectos que derivaran en la superación de la pobreza. Claro que algunas cosas hicieron: por ejemplo, los grupos Argos, Sarmiento y Santo Domingo participaron en programas para rehabilitar La Guajira. No obstante, en general, la relación entre el gobierno Petro y muchos empresarios se caracterizó por la hostilidad, la lejanía y la confrontación. Y eso perjudicó la inversión y afectó la confianza en el país.
Sin embargo, hoy, en la era del Tigre, ocurre lo contrario. ¡Pero ojo! Porque pueden estar llegando al otro extremo. Y eso es muy grave para la salud de la democracia. Es muy grave que, para congraciarse con el presidente y su gobierno, los empresarios estén dispuestos a decirles que sí a todo. Fue muy grave que la Cámara Colombiana de Infraestructura, una vez María Consuelo Araujo renunció para irse de embajadora a Washington, “desnombrara” como presidenta del gremio a la destacada economista Carolina Soto, quien quedó de segunda en la selección que hizo el Head Hunter, y se dejara imponer, sin chistar, la candidata del gobierno. Fue muy grave que, para complacer al presidente, los dueños de Blu Radio acabaran con el programa Mañanas Blu, que dirigía la destacada periodista Camila Zuluaga y cancelaran los contratos de los periodistas que trabajaban en él. Fue muy grave que de RCN radio y televisión despidieran al caricaturista Vladdo. Es muy grave que hayan desmontado, de los medios públicos, el proyecto informativo Germán Castro Caycedo, que les permitía a las comunidades indígenas, campesinas y negras ser escuchadas. Es muy grave que en el gobierno digan que solo les darán información a los medios “amigos”. Es muy grave que, ante la estigmatización, los empresarios se plieguen y guarden silencio.
Todo ello atenta contra la democracia. Una democracia, sin una prensa libre, se debilita y puede desaparecer. Sin democracia, sufren las empresas y se afecta la prosperidad económica.
El autoritarismo puede manifestarse, además, no solo mediante la censura, sino a través de controles de precios, negación de licencias y de contratos a quienes piensan distinto, otorgamiento de privilegios en contrataciones públicas para los amigos del gobierno; en fin, de mil maneras sutiles y no tanto.
El respaldo de algunos empresarios al autoritarismo equivale, tarde o temprano, a hacerse el harakiri, porque destruye la democracia, que es el ambiente natural en el cual nacen, crecen y se desarrollan las empresas.
Como dijo el historiador y político británico Lord Acton, “el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente”.
Así que ¡ojo, empresarios! El poder necesita límites.
Nota: Felicito a la ANDI porque no cedió a las presiones y reeligió como presidente del gremio a Bruce Mac Master.
@patricialarasa