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¿En vísperas del desastre?

Patricia Lara Salive

19 de junio de 2026 - 12:05 a. m.

Llegamos a las elecciones en medio de un peligroso estado de crispación. Las expresiones y las actitudes llenas de agresividad utilizadas por el candidato Abelardo de la Espriella a lo largo de esta campaña, unidas al lenguaje incendiario usado por el presidente durante la mayor parte de su gobierno, han desembocado en que el país se divida por mitades y en que los unos se consideren enemigos de los otros. Así, nos han partido entre buenos y malos, ricos y pobres, esclavistas y oprimidos, víctimas y victimarios, y defensores de la vida y partidarios de la muerte.

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Nada más peligroso que ese maniqueísmo; nada más susceptible de generar estallidos de violencia que esa división del mundo entre buenos y malos, la cual desemboca fácilmente en la tenebrosa reflexión de que se tiene el derecho e, incluso, la obligación, de acabar con los enemigos, los malos, los esclavistas, los ricos y los victimarios. Con esa convicción incrustada en la cabeza de la gente, en minutos se expande la violencia.

Por eso el próximo domingo, tanto quien resulte elegido presidente, como el presidente Petro y quien salga derrotado –que quedará automáticamente ungido como jefe de la oposición–, tienen la enorme responsabilidad de impedir que en el país estalle la violencia.

Para empezar, todos deben aceptar el resultado electoral. Y si tienen dudas, deben declarar que acatarán el conteo que salga del escrutinio. Sin embargo, principalmente, todos debemos comprender que detrás del elegido, y detrás del derrotado, hay medio país que, si bien tiene una visión diferente sobre muchas cosas, coincide con la otra mitad en que anhela progresar y vivir en paz.

Por eso, porque en el fondo todos queremos un país que progrese en paz, la propuesta del candidato Iván Cepeda de buscar un acuerdo nacional es la más sensata de todas. Y no debe ser imposible de lograr. Como no está prohibido soñar, hay que decir que aún es tiempo de optar por construir, como decía Álvaro Gómez, un acuerdo sobre lo fundamental que impida la confrontación entre las dos Colombias.

Por ahora solo nos queda esperar que cuando llegue la hora de que el ungido sienta sobre sus hombros el peso y la responsabilidad que conlleva ejercer el poder, el lenguaje incendiario y la irresponsabilidad que se han exhibido con creces en esta campaña, desaparezcan porque el nuevo presidente recapacite, enderece el rumbo y trate de unir al país.

Nota: A propósito del perfilamiento de que han sido objeto la revista Cambio y su director por parte del gerente de la campaña de De la Espriella, a raíz de la publicación de una investigación que compromete a dicha campaña por manejos extraños de dinero, y ante el silencio de algunos medios, vale la pena recordar este poema atribuido a Bertolt Brecht:

“Primero se llevaron a los judíos,

pero como yo no era judío, no me importó.

Después se llevaron a los comunistas,

pero como yo no era comunista, tampoco me importó.

Luego se llevaron a los obreros,

pero como yo no era obrero, tampoco me importó.

Más tarde se llevaron a los intelectuales,

pero como yo no era intelectual, tampoco me importó.

Después siguieron con los curas,

pero como yo no era cura, tampoco me importó.

Ahora vienen por mí,

pero ya es demasiado tarde”.

www.patricialarasalive.com

@patricialarasa

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