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Enseñanzas indígenas

Patricia Lara Salive

25 de noviembre de 2008 - 08:50 p. m.

SE FUE LA MINGA, EXPRESIÓN QUEchua que significa “todos confluyen en un solo propósito”, y después de durar mes y medio movilizándose y recorriendo el país, y de acampar cuatro días en la Universidad Nacional, los indígenas nos dejaron varias lecciones de convivencia, civismo y organización:

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La primera, según la secretaria de Gobierno de Bogotá, Clara López Obregón, fue que nos enseñaron cómo la Guardia Indígena, armada sólo de su autoridad moral y de sus bastones de mando, “desarma la violencia de los violentos sin violencia”.  Por ejemplo —cuenta ella—, en la Plaza de Bolívar un miembro de un grupo anarquista de la universidad quiso agredir a un policía. Entonces la Guardia Indígena habló con el agresor, lo rodeó con sus bastones y lo escoltó hasta sacarlo de la manifestación. De igual forma, los indígenas no se dejaron provocar por los estudiantes que los impulsaban a romper las chapas de las puertas de los salones de clase para que pernoctaran allí, porque eso no era lo acordado con las autoridades distritales y con la universidad. También se dio el caso de que la Guardia Indígena rodeó a estudiantes que consumían droga, les habló y los sacó del alma máter. Fue tan eficiente la Guardia Indígena que, según supe, el vicerrector de la Nacional aceptó que ella es más eficaz que el servicio de vigilancia de la propia universidad.

La segunda lección que nos dejaron, según Clara López, fue la de su manejo acertado de la distribución de recursos entre la población vulnerable. Primero se los dan a los mayores, luego a los niños y a las mujeres embarazadas y, lo que sobra, se lo entregan en primer lugar a las mujeres y finalmente a los hombres. Si para ellos no alcanza, lo aceptan.

La tercera lección, según el coronel Yezid Vásquez, subcomandante de la Policía de Bogotá, fue la de “cómo personas de una cultura diferente les enseñaron buen comportamiento a otras que han tenido una formación universitaria”. El coronel destacó que luego de que se creía que podrían surgir problemas entre los indígenas y los uniformados, dados los enfrentamientos violentos ocurridos en el Valle, se vencieron las prevenciones, y fue así como en Bogotá, por instrucciones de la Alcaldía, se respetó a las autoridades indígenas, la Policía permitió que su Guardia vigilara su propio conglomerado, y en esa tarea fue acompañada sólo por mujeres policías, lo cual fue de buen recibo.

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La armonía entre los indígenas y la Alcaldía llegó hasta el punto de que la Secretaria de Gobierno planteó que se hiciera un acuerdo entre la Guardia Indígena y la Alcaldía “para aprovechar toda su experiencia en resolución de conflictos”.

Felicitaciones al alcalde Samuel Moreno y a su Secretaria de Gobierno por la manera inteligente y respetuosa como acompañaron la presencia de la Minga de quince mil indígenas en Bogotá. Felicitaciones a los indígenas por su civismo y porque si bien no lograron un acuerdo definitivo con el Gobierno, de ser tildados de infiltrados por el terrorismo, pasaron a ser reconocidos como un gran movimiento que agrupa a los indígenas de todo el país, y que es modelo de civismo y de respeto a la democracia.

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Le expreso toda mi solidaridad a ese periodista honesto y capaz que es Alejandro Santos y a Semana, la revista que él dirige. Como en el caso de las arbitrariedades de la justicia contra Alfredo Molano, no podemos permitir que la prensa sea amordazada por la dictadura de los jueces.

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