Publicidad

Escuchando a Araújo

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Patricia Lara Salive
12 de junio de 2009 - 01:30 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

A RAÍZ DE UNA INVESTIGACIÓN QUE realizo sobre esa atroz guerra entre parientes y vecinos que se desarrolló en el Cesar, acabo de conocer al antiguo coprotagonista, con Carlos Vives, de la serie sobre Escalona, el ex senador vallenato Álvaro Araújo, hoy preso por la parapolítica.

Lo visité en un apartamento que tiene por cárcel, donde una mesa de juegos de niños reemplaza la de centro de la sala. Allí está recluido desde cuando una isquemia cerebral, que él dice que le dio de rabia, lo sacó de la Picota a fines de 2007. Allí había permanecido siete meses, acusado de concierto para delinquir porque supuestamente, gracias a su alianza con paramilitares, en 2002 aumentó su votación en el sur del Cesar. También se le culpa del secuestro de Víctor Ochoa, quien acaba de declararle a la revista Semana que él no cree que Araújo sea un secuestrador.

Y a pesar de que yo no fui a preguntarle por su vida al senador, acabé escuchándole su historia: su decisión de terminar su carrera de economía y de dejar la TV pues la parranda lo tenía en peligro; su simpatía con el proceso de desmovilización del M-19 y el comandante Carlos Pizarro; su lanzamiento en 1994 a la Cámara, a la cual fue elegido por tener reconocimiento como figura de la TV, y no simplemente por heredar los votos de su padre, quien había perdido su investidura de senador por ser representante legal de una empresa familiar y parlamentario al mismo tiempo; su participación a favor de su tía Consuelo Araújo en la campaña para la Gobernación del Cesar; la fundación, en 2000, de su partido Alas, respaldado por 60.000 firmas; el secuestro y asesinato de su tía Consuelo, ex ministra de Cultura, perpetrado por las Farc en 2001, que tuvo un gran impacto y, a su juicio, influyó en el aumento de su votación; su apoyo, en 2002, a la candidatura presidencial de Horacio Serpa en contra de la de Álvaro Uribe; su campaña al Senado en ese año, realizada en una gran alianza política en el Cesar, la cual, unida al hecho de que competía nacionalmente para el Senado y no localmente para la Cámara, dice él que explica el aumento de su votación; su afirmación de que entonces perdió votos en el norte por influencia del paramilitar Jorge 40, quien ya había asesinado al mayordomo de su finca y a dos alcaldes de su corriente, y ya había atentado contra su vida; su explicación de que su aumento de votos en Tamalameque se debió a que le dio un renglón del Senado al popular Ricardo Chajín, y en González a que se alió con la familia Osorio, que por años mandaba en ese municipio; en fin, sus descargos y su decisión de no declararse culpable de unos delitos que dice no haber cometido, entre otras razones porque lideró la resistencia civil contra todos los grupos armados, fue víctima de los paramilitares, los denunció y, por eso, lo volvieron su objetivo militar.

Araújo insiste en que no les dejará “el legado de infamia de aceptar haber sido un delincuente” a sus hijas, una de las cuales, recién nacida, él cuidó en la cárcel mientras su madre trabajaba, y otra la bautizó Victoria porque cree que esta batalla la va a ganar.

Cuando me cuenta que los involucrados en la parapolítica que se declararon culpables ya están libres, pero que él no lo hará; y cuando oigo sus argumentos, pienso que, por lo menos, el ex senador Álvaro Araújo merece que ahora, cuando está ad portas de ser juzgado, se le escuchen cada uno de sus descargos.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.