5 Nov 2021 - 5:30 a. m.

Infamias que matan

La cultura vale huevo para este Gobierno. Bien lo escribió Claudia Hakim, directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá, a propósito del ridículo presupuesto (0,16 % de los recursos) asignado al sector. Según ella, el orgullo que los funcionarios dicen sentir por representantes de nuestra cultura, a quienes llevan a los escenarios internacionales para mostrar la cara amable de Colombia, es solo de dientes para afuera. Como de dientes para afuera es el apoyo que en el exterior el presidente Duque dice darle al Acuerdo de Paz, cuyos pilares ha querido torpedear más de una vez. O como lo es el respaldo que dicen ofrecerle al Acuerdo de Escazú, que el Gobierno presentó de nuevo al Congreso pero sin mensaje de urgencia, lo cual equivale a dejarlo en el limbo otra vez. Es que casi todo en este Gobierno tiene doble rostro.

Pero la peor infamia en el ámbito de la cultura la están cometiendo ahora. Y puede ser una infamia que literalmente mate. Como lo dijo Aura Lucía Mera en su columna del martes en El Espectador, y como se ha dicho en otros medios, a nuestra gran poeta Maruja Vieira, al borde de cumplir 99 años, le van a reducir su ingreso pensional de $2’500.000 miserables a $908.526. Sí, a María Vieira —bautizada Maruja por el poeta Pablo Neruda—, una de las grandes de Hispanoamérica; autora de 20 libros; traducida al inglés, francés, griego, húngaro, alemán, portugués, ruso, italiano y gallego; galardonada, entre otros premios, con la Orden Gabriela Mistral en Chile, la Medalla Simón Bolívar del Ministerio de Educación de Colombia y el Premio Nacional Vida y Obra otorgado por el Ministerio de la Cultura. Digo miserables porque $1’072.000 le cuesta la medicina prepagada; $300.000, la hospitalización domiciliaria y $1’500.000, la empleada que la atiende. De manera que en gastos de salud y atención para esta anciana brillante, lúcida y cultísima se van $2’872.000. Es decir que, con la pensión actual, le queda un déficit de $372.000 mensuales, sin contar lo que se paga por administración, servicios y comida para ella, la enfermera, la empleada y su hija, la poeta Ana Mercedes Vivas, que hace malabares para sufragarlo todo, pues de la poesía solo vive el espíritu.

El argumento para disminuir la pensión de Maruja, usado por la Unidad de Gestión Pensional y Parafiscales (UGPP) —¡vaya nombre para una entidad que fácilmente puede acabar con la vida de una de las glorias de la cultura colombiana!—, es que nadie puede disfrutar de dos pensiones. Como Maruja tiene la pensión de Colpensiones de un salario mínimo, gracias a que cotizó 500 semanas cuando además de escribir poesía trabajaba en cuanta cosa había, y la pensión de Cajanal por $1’800.000, que obtuvo por sus servicios al Estado y con la que se jubiló antes de que se promulgara la Ley 100, le van a revocar la pensión de mayor cuantía y le van a dejar la de salario mínimo.

El Gobierno de Duque, quien además fue jefe de la división de Cultura, Creatividad y Solidaridad en el BID, no puede quedarse impávido ante esa infamia. Así los leguleyos puedan prenderse de algún inciso que mate de tristeza y falta de atención a la gran poeta, el Ministerio de Cultura y el mismo presidente (antes que gastarse miles de dólares en llevarse a Glasgow a su esposa, hijos, hermano, etc.) tienen el deber moral de inventarse algo, un premio, por ejemplo, que garantice que Maruja Vieira termine su vida con tranquilidad y dignidad. Pero, por favor, que no sea un premio póstumo.

www.patricialarasalive.com, @patricialarasa

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