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Era algo que no podíamos imaginar: la foto de los senadores Rafael Nieto, del Centro Democrático, y Aída Avella, del Pacto Histórico, archienemigos pocas horas antes, ambos con los brazos en alto en el recinto del Senado, expresando alegría desbordada y gritando algo así como “¡eso!” o “¡yes!”. Al unirse, derrotaron a Alfredo Deluque, aspirante abelardista a la presidencia de la corporación, y elegir a Honorio Henríquez, el candidato del expresidente Álvaro Uribe.
Además, es toda una lección para el nuevo presidente De la Espriella quien, hasta ahora, a punta de saludos de “firmes por la Patria” y de gruñidos de tigre, había logrado todo lo que se había propuesto. Pero ya Uribe había insinuado que si lo que se traía entre manos era desbaratarle su Centro Democrático a base de rugidos, él se defendería como lo hacen las abejitas. Y así lo hizo. Y se alió con la izquierda y le envió un mensaje contundente a De la Espriella: usted, señor Tigre, a mí me respeta. Y, como dicen los paisas, de esa manera el expresidente Uribe le bajó la moña al presidente electo.
Porque, además, Abelardo no había sido considerado con Uribe. El último desplante que le hizo fue nombrar ministra de Cultura… ¡nada menos que a la excandidata Paola Holguín!, quien salió de pelea con el Centro Democrático. Era como enviar el mensaje de que el nuevo presidente premia a los que abandonan el partido del expresidente y le dan la espalda.
Así que, como decía un meme que se divulgó en un chat, esta fue la “primera enseñanza para Abelardo: la política no se estudia en campaña, se aprende en plenaria”. Y agregaba: “y en plenaria, todo el Pacto Histórico, incluido el senador Cepeda, votó por el candidato del Centro Democrático de Uribe para elegir presidente del Senado. La política es dinámica”.
Y como la política es dinámica, no sería extraño que, dentro de un tiempo, en Colombia ocurriera un milagro: el de que así como Laureano Gómez y Alberto Lleras, enemigos acérrimos, se fueron a Benidorm a pactar el Frente Nacional que puso fin a la violencia entre liberales y conservadores, Álvaro Uribe y Gustavo Petro se reunieran en alguna parte y llegaran al acuerdo nacional del que tanto se ha hablado. Ese acuerdo, de verdad, solo tendría sentido si se pacta entre Petro y Uribe, los dos líderes indiscutibles del país.
Eso no es descabellado pensarlo: primero, porque los pactos de paz, los acuerdos políticos, se hacen entre opuestos; segundo, porque Petro y Uribe ya se han encontrado en el pasado; y tercero, porque ahora ambos comparten miedos similares: Uribe teme que lo lleven preso y Petro teme que lo extradite De la Espriella. De modo que el Gran Acuerdo Nacional podría contemplar una reforma política y un acuerdo de punto final que nos permitiera superar el pasado y que garantizara que ni Petro ni Uribe vayan a la cárcel.
Amanecerá y veremos.
Nota: Produce ira y tristeza el anuncio de que en Nicaragua “no volverá a haber elecciones”, hecho por el anciano dictador Daniel Ortega (80 años) y su compañera, la copresidenta Rosario Murillo (75 años) el 19 de julio. En esa fecha se conmemoraron los 47 años del derrocamiento del dictador Anastasio Somoza y del triunfo de la revolución sandinista. No hay derecho a que un hombre que se dedicó a combatir a un monstruo, como fue Somoza, haya acabado peor que él. Lo triste es que eso no es extraño. Lo mismo le ocurrió al coronel Aureliano Buendía.
@patricialarasa
