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La salud mental, una prioridad desatendida

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Patricia Lara Salive
03 de julio de 2026 - 05:00 a. m.
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En este país agobiado por la polarización y las imágenes de violencia que abundan en las redes y en los noticieros, los resultados de la última Encuesta Nacional de Salud Mental (ENSM 2025), revelados recientemente, muestran indicadores preocupantes que deben ser tenidos en cuenta para el diseño urgente de políticas públicas. El primero y, tal vez, el más inquietante, es que la gente ha “normalizado” su sensación de malestar, como lo comentó el siquiatra José Posada en artículo para Cambio. Es que, si bien el 90 por ciento de los encuestados dice tener buena salud mental, sólo el 67 por ciento se declara satisfecho con su vida. Esa encuesta, de muestra gigantesca pues en ella se entrevistaron más de 120.000 personas en todo el territorio nacional, arroja indicadores altos de ansiedad, soledad y discriminación.

Las cifras de discriminación son preocupantes. Como lo explica el doctor José Posada, “la encuesta muestra un aumento significativo en su percepción, especialmente entre adolescentes, donde el reporte prácticamente se duplicó frente a 2015. Las mujeres, las personas LGBTIQ+, los migrantes y las víctimas del conflicto armado son quienes más la sufren, principalmente por razones socioeconómicas, discapacidad, origen étnico o situación migratoria (…). La discriminación (…) es un determinante de salud mental que incrementa el estrés, deteriora el bienestar y aumenta el riesgo de trastornos. Colombia está fallando en proteger a quienes más necesitan protección, y esa falla no es coyuntural: es estructural, persistente y profundamente injusta”.

Según la encuesta, la soledad es otro indicador preocupante, ya que se sabe que ella genera un riesgo para la salud pública pues puede generar depresión, deterioro cognitivo y ansiedad, y la padece el 16 por ciento de los mayores de 12 años. La soledad es más frecuente entre mujeres, personas separadas o viudas, población LGBTIQ+, migrantes y víctimas del conflicto. Por otra parte, la encuesta señala que los trastornos más frecuentes en los adultos son la ansiedad, el estrés postraumático y la depresión, que está disparada.

Varias de las anteriores condiciones, como la soledad y la discriminación, no son problemas individuales, como suelen considerarse, sino que deben tener aproximaciones colectivas, de las cuales el Estado no puede desentenderse. Por eso vale la pena destacar el programa Amor por la Vida, desarrollado en el departamento del Tolima, y también comentado por el doctor Posada en otro artículo de Cambio. Allí, la Secretaría de Salud del departamento “está construyendo un ecosistema territorial de cuidado emocional que no existe en la mayoría de las regiones del país (…) Es una arquitectura de política pública que articula prevención, atención, formación, participación comunitaria y fortalecimiento institucional”, dice Posada.

El programa contempla, por una parte, una escucha activa que ya ha impactado a cerca de 2.500 personas en 33 municipios; una teleorientación que ya ha atendido a más de 1.400 personas; una línea para hombres que se ha ocupado de más de 300 casos; y un tercer componente que, ante la escasez de sicólogos y siquiatras, ha capacitado cerca de 900 personas en primeros auxilios psicológicos, violencia de género, conducta suicida, consumo de sustancias y habilidades socioemocionales.

Este programa del Tolima demuestra que la salud mental sí puede enfocarse como una política pública que, de verdad, transforme al país. ¡Ojo, presidente electo!

https://www.patricialarasalive.com/

@patricialarasa

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