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Más allá del lenguaje desobligante

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Patricia Lara Salive
21 de febrero de 2014 - 03:02 a. m.
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La necesidad del remezón que se dio en la cúpula militar por los graves indicios de corrupción revelados con valentía por la revista Semana es incuestionable.

Pero hay quienes critican que haya caído también el general Leonardo Barrera, hasta el martes comandante general de las Fuerzas Militares, ya que de él —dicen— se publicó una conversación privada, en la que utliza un lenguaje coloquial que no lo involucra en chanchullos.

Incluso el presidente Santos advirtió que Barrera no salía “por ningún hecho de corrupción, sino por unas expresiones irrespetuosas y desobligantes que le restan majestad frente al Poder Judicial y frente al país”.

Sin embargo, el asunto va mucho más allá: lo grave no es que las expresiones sean “irrespetuosas y desobligantes”. Lo complicado es lo que ellas develan del sentir de quien fuera el oficial de mayor rango en las Fuerzas Armadas.

Examinemos lo dicho, no sin antes aclarar que, por más privada que fuera la charla, se trataba de la conversación que el general estaba teniendo con un preso, la cual podía estar siendo grabada por las autoridades judiciales. Además, su interlocutor era nada menos que un reo investigado por resultar involucrado en “falsos positivos”, es decir, en homicidios de civiles inocentes quienes, sin razón, eran aprehendidos y después ejecutados, para luego ser disfrazados de guerrilleros, con el fin de hacer pasar sus cadáveres como los de subversivos caídos en combate y obtener, así, los beneficios que, por “buenos resultados”, se les concedían a los soldados en el gobierno anterior.

Veamos: cuando el interlocutor del general, el teniente coronel Róbinson González del Río, le cuenta que continúa en el centro de reclusión militar porque el testigo que el fiscal había puesto a declarar en su contra había denunciado al fiscal, el general, luego de felicitarlo, le dice: “Ahí le toca pegarse a usted de todo hermano. Aprovechen y únanse hijueputa. Eso tiene uno que ser inteligente. Yo no lo puedo hacer pero ustedes sí porque ustedes son los afectados(…) Hagan una mafia para denunciar fiscales y toda esa güevonada…”.

En las conversaciones transcritas es evidente la cercanía que existe entre Barrera y González, a quien el general saluda con un “aló, quibo hermano”, y de quien se despide con un “listo manito, no hay problema”. Y por el contenido de la charla parece también que al general los “falsos positivos” le parecen “güevonadas”, o cuando más, gajes del oficio. Incluso, en las explicaciones que Barrera le da a la revista sobre lo que quiso decir al aconsejarle al coronel que “se organicen como una mafia y denuncien a los fiscales”, el general contesta que seguramente dijo eso porque González le “hizo algún comentario de una injusticia o algún abuso”.

Entonces el asunto es este: ¿no será más bien que que el excomandante de las FM debió salir, no porque su lenguaje fuera vulgar o irrespetuoso, sino porque, en el fondo, este revela que, para él, castigar a los involucrados en “falsos positivos” es una injusticia?

El mismo Barrera, luego de pedir excusas por lo que calificó como “un infortunado episodio”, afirmó que su retiro “obedeció a una decisión política”.

Todo lo anterior conlleva a que él, y la actual cúpula, contesten de manera urgente esta pregunta: ¿consideran ustedes que cometer un “falso positivo”, es decir, asesinar a un civil inocente para mostrar un resultado y obtener un beneficio, es un delito?

(Si la respuesta fuera no, ¿dirían lo mismo si la víctima fuera su hijo?)

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